miércoles, 15 de julio de 2009

Y, en realidad, a estas alturas ya está claro que la he vuelto a cagar. Y que no debería haberme dejado llevar ni por Marruecos ni por Estambul: porque hay veces que la emoción del momento satura tu necesidad de inquietud por un tiempo; y veces que te la reactiva. Y así estoy yo ahora, que en vez de una mujer soy una hormona con patas. En vez de pensar hormono. En vez de concentrarme hormono. En vez de trabajar hormono... Y hormono sin desahogo porque Estambul no piensa volver a cruzar el Bósforo, aunque aún no sé si porque no le parece tan bonito o por pura paja mental.

Y hormono y hormono, y este calor no ayuda... Aaaaayyyyyyy omá si Estambul no estuviera tan rico.....

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