No me gustaron todas las veces que no tuviste valor o consideración, que te hiciste de rogar, que te faltó decisión, personalidad, espontaneidad y cojones. Que te olvidaste de que, camarão que dorme, a onda leva.
No me gusta que a veces las uses de escudo… Pero me encantan tus sonrisas sonoras.
No me gusta que a veces las uses de escudo… Pero me encantan tus sonrisas sonoras.
No me gusta cuando te rayas… Pero me gusta cómo te tocas la barbilla cuando estás pensativo. Y cómo te sigue sorprendiendo que sepa cuándo le estás dando vueltas al coco.
No me gusta su infrecuencia... Pero me flipan nuestras noches juntos: me encanta nuestra metafísica trasnochadora; estar tumbados horas y horas sin que se nos agote la conversación; que siempre me cosquillees la espalda; tus habilidades (ejem). También me gustan nuestras noches separados: que me cuentes cuentos, que anuncies once veces el sueño que tienes, que me cantes nanas a la EstePaís-ana (Duérmete moça, duérmete ya, que viene el bandido y te robará. Si al bandido el móvil no das, con la botella te rajará). Que llames sólo para dar las buenas noches. Que hagas una lista de "Buenos días" a objetos.
No me gustó que tuvieras que presenciar aquella conversación tan agradable en aquel hospital… Pero me encantó que entraras conmigo en todas las consultas.
Me crispa que tu despiste te haga tener detalles tan feos… Pero me gusta lo consciente que eres de algunos de tus defectos. Me gusta que te dé la vena orgullosa con las críticas de los demás, y no con las mías.
No me gusta lo mojigato que eres a veces... Sin embargo, me hace gracia que te pongas colorado cuando alguien te dice una barbaridad, que consideres poco elegante dejarte “cosas” sin recoger… Y poder volver a cachondearme de tu falta de elegancia.
Me joroba que preguntes, como si no lo supieras, porqué te llamo bandido, porque un día yo voy a ser valiente como pa responderte y tú no vas a ser valiente como pa continuar la conversación… Pero me gusta cuando finges indignarte porque te lo llamo a la cara, o porque se lo digo a tu espalda. Me jode que no admitas que eres así... Pero me gusta que no lo seas. Me molesta que estés tan limitado por tus propias barreas pseudo-morales… Pero me gusta saber que, en el fondo, es sólo que estás perdido; y que, si no te encuentras, el único desgraciado serás tú.
Me fastidia que lo lleves al extremo… Pero me gusta que siempre te preocupes por los demás.
Me molesta la estúpida barrera mental por la que vendes tan caros los besos… Pero me encanta cuando se te escapa alguno. Y me encanta la generosidad de tus abrazos. Me gusta cuando, al girarte, tiras de mi brazo y lo enroscas a tu alrededor. Me gusta cuando lo haces para demostrar que you were not meaning to darme la espalda. Me gusta que, cuando en mitad de la noche te la doy yo a ti, te baste una mano para arrastrar todo el peso de mi cuerpo hacia tu pecho. Me gusta que ésa sea tu “adaptación postmoderna de la costumbre neanderthal de arrastrar a la hembra de los pelos pa meterla en la cueva cuando la llamada de la procreación se hace insoportable”.
Me jode que a veces seas tan tonto, o te lo hagas. Pero me gusta que seas más inteligente de lo que sueles parecer. Que seas capaz de hacerme pensar.
Me fastidia que no termines de mojarte (aunque así me permites a mí también pasar palabra)… Pero me gusta que te metas en jardines de los que sabes no podrás salir. Me encanta meterte caña, la cara de bobo que se te queda cuando recuerdas que soy más lista que tú y que, aunque a veces me haga la tonta, sé mucho más de lo que querrías.
Me jode que no cumplas lo que dices. Me jode ser tan consciente de tu informalidad… Pero me gusta que digas que nos vamos a ver pronto. Me jode que ni siquiera seas consciente de lo informal que puedes llegar a ser, pero me gusta cuando intentas defenderte.
“- No me creo nada, porque como has sido tan informal…
- ¿He sido muy informal?
- Has sido bastante informal, sí.
- Jo, tienes razón. Es que esta ciudad me vuelve un impresentable. De todas maneras, te quiero recordar que…
- ¿Te crees que no me acuerdo? ¿Te crees que si me acordara sólo de lo informal que has sido iba a estar aquí haciéndote la maleta?”
Me jode que te las merezcas, pero me gusta la voz con la que me dices "¿Me vas a echar la bronca?" y con la que a continuación te disculpas.
Me crispa mucho... Pero, en el fondo, parte de tu encanto radica en tu imprevisibilidad: alejándote o acercándote, siempre haciendo lo contrario de lo que parecía que harías. Me encanta cuando apareces con planes inesperados. Me jode que, ahora como antes, te hayas puesto las pilas cuando ya nos quedaba poco tiempo... Pero me encanta que, al menos, te las hayas puesto.
En definitiva, no me gusta que me desconciertes… Pero me gusta darme cuenta de que te desconciertas más a ti mismo.
Me gustó que aparecieras aquel día en el aeropuerto. Me gustó aquel “te voy a echar de menos” y aquella postal. Me gustó que me llamaras para inaugurar el año y averiguaras el municipio de Alicante de 5 vocales. Aquella sorpresa animal. Que en vez de irte al cine me trajeras comida de enfermo. Me gustó sufrir en una fiesta por lo mucho que me dolían las piernas. Tu respuesta entrecortada y después tu "¿Qué es lo que me habían preguntado?". Me gustó hacerte la maleta. Aquel "Me gusta cómo vienes hoy, porque vienes vestida de ti misma: ni con camisas mías que te llegan por las rodillas, ni con los ojos pintados". Me gustó cuando dijiste que te encantaría poder quedarte la mañana entera. O aquello de “No estaría mal que estuvieras. Estaría muy bien”. Profanar la camiseta. Me gustó que pensaras en traerte tu estuche de las lentillas y acabáramos compartiendo el mío.
Me gusta lo ganso que eres con tus chistes malos, ser yo tan gansa que hasta me hacen gracia, y lo mucho que nos reímos. Me gusta cuando te pones bizco. Me gusta la manera en la que alargas las vocales. Me gusta la manera en la que mezclas ya Esteidioma con el castellano, hasta el punto de cagarla por escrito... Me gusta que seas igual de friki que yo, y podamos tirarnos horas hablando en 4 idiomas. Me gusta que diminutes mi nombre en vez de acortarlo, y que me pongas apodos originales. Me hace gracia que me conviertas en gimnasio. Me gusta tener una anécdota de atraco que compartir contigo, y lo bien que lo imitas: ssssshhhhhhh.
Me gusta seguir debiéndote una cena, porque si no te la cobras, te arrepentirás. Me gusta que empieces a creerte que los Reyes existen, y que lo que les pedí en aquel vídeo está al caer. Me gusta que siempre digas “Oye, que gracias por llamar”. Me gusta darte clases de gastronomía y que luego nunca recuerdes lo que es un sofrito. Me encanta que, aun siendo un completo inútil en la cocina, me hagas los huevos fritos justo como a mí me gustan (y sólo te superen, ligeramente, los de mi mamá). Me gusta depilarte las cejas, y que me lo pidas. Me gusta que siempre nos riamos con ese juego tan tonto de agarrarme para no dejarme salir de la cama, que te decepciones cuando yo no te lo hago a ti y se te escape un “¿Pero es que no me vas a coger?”. Me gusta cuando dices: “¿Quieres que te lleve mañana al trabajo?”.
También me jode no haber sido yo, haber callado ciertas veces y no haberle echado muchos huevos. Pero me gusta haber mantenido esta prudente distancia. Me jode saber que no sólo tú frenabas… Pero me gusta darme cuenta de que, si alguien leyera sólo la mitad de este texto, esto parecería haber sido mucho más de lo que en realidad fue.
Me gusta poder considerarte un buen amigo, aunque me jode ser consciente de que quizá me equivoque. Me gusta la sensación de estar escribiendo porque así desahogo esta tristonería que me ha dejado la despedida (más de la esperada), y en el futuro volver sobre estas líneas me hará sonreír. No sé si me gustaría que leyeras que me gustan todas estas cosas… No sé si tendría valor… Te mereces que lo escriba porque, al fin y al cabo, has compartido casi todos mis días durante estos 5 meses, y me has dado grandes
Me gusta releer esto con una enorme sonrisa. Me gustan todas esas cosas… Pero sigo sin saber si me gustas tú. Aunque a veces, como ahora escribiendo, sí lo tenga un poco más claro. Aunque me haya dado una punzada de alegría vergonzantemente egoísta cuando casi no puedes volar hoy. Aunque ya esté sintiendo haber perdido lo que teníamos... Aunque ya te esté echando de menos.
***** "Regálame la silla cansada de la esquina donde te esperé, donde siempre te esperaba, amor"