El sol de invierno. Las sonrisas. Reír hasta las lágrimas. Un bocata de chorizo. La tormenta desde la cama. Ver un caracol col col. Sentir tu aliento dormido en mi nuca. El mar. Un abrazo desnudo. Los almuerzos largos y las sobremesas. El vuelco en el estómago. La brisa de verano. Las preguntas. Las respuestas. Los viajes. Las miradas potentes. Las Repúblicas. Olerte. Leer un artículo chuli. Leer un libro que haga vibrar. Leer. Vibrar. La curiosidad. Los acentos. Los bares castizos. Los días de Reyes. Morderte. Los vandalillos. Una ducha calentita. La cama después de un campamento. Los paisajes ricos en colores. Tu voz al otro lado del teléfono. Una buena pinícula. Las sorpresas. Los debates. Los amigos. El olor de un bosque mediterráneo. Las bienvenidas. La mirada de un niño. Lamerte. La tortilla de patatas. El incienso y las cornetas. Sonreír delante del espejo. La nieve. La playa. Los cumples. Las nubes. El olor a café recien hecho. Recordar canciones de cuando éramos críos. Las lentejas. Ver fotos. El sexo. El suelo lleno de hojas secas. Las conversaciones sin ruido. Los bolsos nuevos. Hacer fotos. Las palabras dulces. Una llamada inesperada. Los bebés. El gazpachuelo. La Feria. Saber quién está ahí. Los profesores que aman su trabajo. El olor a lluvia. Encontrar libretas rojas. Querer. Ver delfines saltar. El pan con aceite. Desear. Tus besos. El sonido de las olas. Los lenguajes secretos. Aprender. Las cabras que tocan el violín. Compartir los recuerdos. Las botas de agua. Conversar. La luna llena. Ganarte al ajedrez. Los cuentos. Los abrazos. Tocarte. "Tiene que ser mascarpone". La casa en silencio. El contacto de la sal en el cuerpo desnudo. Las siestas en los parques. Las bellotas. Las pompas de jabón. Creer. El calor del edredón. Escribir. Los achuchones de mi abu. Apagar el despertador. Los tomates maduros. El olor a sexo. Volver a casa. Hablar claro. Los castillos de arena. Las muestras de cariño de la gente hermética. Hacerte un regalo. Los piropos. El atardecer en la bahía. Pasar la tarde en el sofá. Permitirte perseverar. Galletas de chocolate que se rompen en la leche fría. Sacar fallos a las películas. El otoño. La piel de mi madre. Machado. Benedetti. Allende. Roald Dahl. Recibir postaleeeees. Las noches de farra. Los susurros. El invierno. Descubrir tus montañas. Cocinar a fuego lento. Caminar observando. Las personas valientes. Rozarte la espalda y ganar. La primavera. Las chirimoyas. Soltar el caparazón. Las mesas llenas de gente. Que me enseñes a ponerme las lentillas entre Larra y Unamuno. La ilusión. El olor de las panaderías. Un sms chuli. Los planes maléficos. Lo tarde que anochece en verano. La sensación de ser útil. Leerte. Los escarabajos. Las ratonas. Las tribus de los Brady. El olor de un coche nuevo. Las caricias. Pedir el aguinaldo. "Vamos parriba tol mundo ya". Los abuelos que cuentan batallitas. Los columpios. Las manzanas de chocolate. Las tonterías. Los deseos cumplidos. Soñar. Soñar contigo. La superación. La duna. El tacto de la arena enterrando los pies. El olor a sal. Vosotros. Tú.
miércoles, 27 de febrero de 2008
sábado, 9 de febrero de 2008
Por fin
Allí: el sol en la cara, el vino en la sangre y las tapas en el estómago. Los debates y sus conclusiones: Llamazares 3 - ¿voto útil 0?
Aquí: conducir por el paseo marítimo viendo el brillante color de la rebeldía que tiene hoy la espuma, y abrir las ventanillas para disfrutar el olor al máximo. "Se destruye el bosque porque los millonarios quieren construirse casas y lo queman" (desde chiquitillos metiendo caña, ahí ahí). Despertarme con besitos maternos, porque es que estoy de un tonto.....
En definitiva... ¡¡qué bien sienta estar de vacaciones!! Así que hala, ahí se quedan, que yo me las piro a ver si consigo convencer a los gabachos, uno a uno, de que hagan Mayo del 2008 y echen al hortera-que-regala-anillos-que-se-llaman-Cupido-y-que-encima-se-sube-el-sueldo-de-presidente.
Aquí: conducir por el paseo marítimo viendo el brillante color de la rebeldía que tiene hoy la espuma, y abrir las ventanillas para disfrutar el olor al máximo. "Se destruye el bosque porque los millonarios quieren construirse casas y lo queman" (desde chiquitillos metiendo caña, ahí ahí). Despertarme con besitos maternos, porque es que estoy de un tonto.....
En definitiva... ¡¡qué bien sienta estar de vacaciones!! Así que hala, ahí se quedan, que yo me las piro a ver si consigo convencer a los gabachos, uno a uno, de que hagan Mayo del 2008 y echen al hortera-que-regala-anillos-que-se-llaman-Cupido-y-que-encima-se-sube-el-sueldo-de-presidente.
lunes, 4 de febrero de 2008
La vida secreta de mis palabras
Cuando yo era pequeña tenía un lenguaje secreto.
(Paréntesis. Esto demuestra que algunas no nos hacemos raras, sino que nacemos, aunque cada vez aprendamos más a disimularlo; y que la afición por los idiomas ya era muy temprana; y que la afición Willyfoggera no viene sólo de aquel famoso libro sino, como descubrimos el otro día Enanita y yo, de aquel estupendo aeropuerto pseudo-Playmobil que había en casa de mi tío y a mí me encantaba montar y desmontar cada vez que iba. Fin del paréntesis)
A lo que íbamos... Cuando era pequeña tenía un lenguaje secreto (no era, ni mucho menos, la única de mis rarezas. Pero en fin). No era uno de esos métodos que cambian sílabas o añaden prefijos. Era un código con cierto nivel de abstracción cuasi-matemática, que transformaba las palabras del castellano como por arte de magia. Vamos, lo que viene siendo que era rara pero de cohone.
Lo cierto es que yo era un poco (tirando a bastante) autista. Sí, sí, gondolero-joputa-que-me-tienes-los-dientes-por-el-suelo, no me pongas esa cara de póker delante de una tapa porque tú no te acuerdas pero yo sí. De más chica era bastante autista. Luego sólo un poco, y lo disimulaba bastante bien. Pero tenía un mundo interior mucho más amplio, elaborado y satisfactorio que el universo real (autismo y mundo interior que se retroalimentaban uno a otro, a la vez causa y consecuencia: el caparazón proviene de aquellos tiempos inmemoriales que mis neuronas prefieren, sin éxito, borrar por su salud mental y la de mis lagrimales).
No sé si lo del lenguaje tendría algo que ver con este autismo: no se trata de que dejara de hablar con los demás para redactar una gramática propia. Pero me dedicaba a traducir todo lo que me rodeaba (otra manía que tengo desde que recuerdo): los carteles, los libros, los monólogos de los profesores, los diálogos. Llegué a tener tanta práctica que hacía traducción simultánea mientras veía la tele o mantenía una conversación con otra persona, y por las noches, antes de dormir, inventaba en ese idioma historias que recreaba en mi imaginación.
Puede que fuera por lo del mundo interior. O puede que fuera simplemente porque me aburría infinitamente mientras los profesores contaban ochocientas veces las mismas anécdotas idiotas o mandaban cuarenta ejercicios iguales para aprender análisis sintáctico básico. Entonces yo, que nunca me he podido estar quieta, me dedicaba a esas frikadas como traducir, o darle la vuelta a los libros y los folios y leer y escribir bocaabajo, para entretenerme.
[Ya he dicho desde el principio que siempre fui (¿pretérito?) una niña muy rara. ]
La cuestión es que (casi) nunca he hablado con (casi) nadie de que tenía un lenguaje secreto que sigue siendo tal. Y no sé porqué de repente me acordé...
Quizá por aquello de que "con los pies fríos no se piensa bien". ...Y puede que vaya siendo hora de tapárselos...
... Ohapo vod lé y nu rpugemlod di lu umduñopú ni tumgeoju ducpula...
(pd: no consigo que me guste cómo está escrito esto, pero es que estoy de exámenes y a mi pobre neurona no le queda fuelle).
***** "Te quedan balas para disparar pero preguntas primero".
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