jueves, 31 de mayo de 2007

Despedidas

Primer paso: despídete de los objetos. Para empezar, se despidió de su equipaje, que fue embalando poco a poco, mientras procuraba dejar la cabeza en blanco y pensaba en reencontrarse pronto con ellos. La imagen de la habitación vacía era más desoladora de lo que podía imaginar, pero eso era buena señal, pensó: significaba que había sido acogedora, que la había hecho más suya que ninguna otra, en poco tiempo. Comenzó a hablarse a sí misma, para no escuchar la bofetada del silencio ni el estruendo de la soledad. Despídete de tus paredes llenas de recuerdos, se dijo. Se concentró en que ninguna chincheta cayera de la pared a la cama, para que la melancolía no pudiera ensimismarse con las fotos o los carteles que iba quitando. Se despidió de la madera sin lijar del suelo, ésa que crujía cuando la noche entraba de puntillas. De su cama, que, ahora que por fin lo había averiguado, resultó ser más ruidosa de la cuenta.

Despídete –se dijo- de la silla en la casi nunca te sentaste, del escritorio que golpeaba la pared con el bamboleo de tu escritura, de los postigos traviesos y la chimenea por la que se colaba el viento en las noches de tormenta, de los cajones de plástico blanco, del armario frágil y efímero. De la mesilla de noche, magnífica compañera de viaje que sostuvo más libros en los que evadirte y más libretas, de inspiración seca, que ninguna otra hasta ahora. Se despidió de la almohada, que se había tragado, sin rechistar, todas sus lágrimas: las que salieron a borbotones y las que su orgullo y su miedo pretendieron ignorar.

Se despidió del sofá herrumbroso, roído pero acogedor. Del teléfono que nunca funcionaba cuando hacía falta. De la tele, objeto ornamental por excelencia, porque nunca se encendía y porque la chica de coletas y ropa extravagante, ésa que tocaba el arpa, la llenó de flores y otras excentricidades de tiza. De la mesa minúscula donde siempre prefirieron estudiar, con ruido, poca luz y sillas incómodas, pero en comunidad. De la pizarra de las instrucciones, de la pared llena de fotos. De la cocina que tardaba mil años en hervir los calabacines, y el microondas al que había que suplicarle para que calentara el café. De los vasos que quedaban vivos y el cementerio-fregadero de los que perecieron por el camino. Se despidió de la nevera llena de quesos.

Despídete, en definitiva, de este piso que se pasó todo el curso lleno de gente, este piso que cobró vida propia y abría, sin pedir permiso, las puertas, la nevera y los colchones a media ciudad.


Segundo paso: despídete de los lugares. Se despidió de la ciudad, con el corazón en un puño y las sienes a punto de estallar. Trató de consolarse con el regreso, porque siempre tendría que haber un regreso. Se despidió de los kebabs con sonrisa incorporada, de las salsas y de las napolitanas. Del mercado y el rastrillo, de su barrio multiétnico, de las iglesias sucias y los obeliscos rosas horteras. De las tortugas y los leones, de los puentes de piedra y los ríos traviesos. Del otro mercado, el de los domingos, ése en el que el vino empieza a las 12 de la mañana y termina con tres pelandruscas durmiendo juntas la siesta, apretadas en la misma cama, a las 9 de la noche.

Se despidió de los bares originales, de los instrumentos, los barrios bohemios; de los cines originales (su cine), y las películas subtituladas. De los imponentes edificios decrépitos, vestigios de un pasado señorial y negrero. Se despidió de las calles llenas de tiendas, de las librerías baratas, del tranvía. Del temps pourri que, él sí, le hacía menos dura la despedida. De la facultad, con menos pena que gloria, y del viejito que recargaba la máquina todas las mañanas.

En la ciudad había muchas más cosas de las que despedirse, pero ya no tuvo valor para seguir adelante con esa desazón. Sin querer, o quizá queriendo, se puso una coraza (del mismo color del caparazón) y adoptó una actitud fría y ausente, que desconcertaba pero no engañaba a nadie, y menos a sí misma. En realidad su distancia no era por ganas de ponerse siesa a estas alturas, sino más bien porque tenía el prisma de la realidad tan deformado que se sentía ausente incluso de sí misma.


Despídete del «qu’il fait chaud!!», de las obviedades de besugo (“Tu as faim, toi? ... Excusez-moi, question à ne pas poser»). Se despidió del idioma, del sonido del idioma, y de la mezcolanza de idiomas que ellas hacían, cambiando el vocabulario y pronunciando a lo castroho («Qu’est-ce que me estás contando?»).

Y ahora, por lo que más quieras, si aún te queda algo de sentido común, adopta la técnica del avestruz y evita el tercer paso: no te despidas de la gente. Mejor sal corriendo hasta que no estés a tiempo de arrepentirte, no te des ese mal rato, aunque tengas la certeza de que a muchos de ellos no volverás a verlos y que dos años no fueron suficientes. Eso, sin embargo, masoquismo o sentimentaloidedad (bonito palabro), no estaba segura de ser capaz de conseguirlo.

Había intentado no despedirse de nada, pero el universo entero conspiró para despedirse de ella. Así que, a fuerza de cabezonería, trataría al menos de hacerlo sonriendo; porque a veces la tormenta daba paso al sol y, pensaba, de tanto intentar créerselo al final a lo mejor conseguiría convencerse a sí misma.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Pánico

... A todo en general y a todo o a nada en particular...

... A pasado mañana. A echar por la borda en media hora el esfuerzo de tantos meses...

... A la volatidilidad de mi optimismo; a poner en peligro mi frágil estabilidad emocional y pasar de ver siempre el lado positivo al pánico más absoluto sólo por toparme, en este invento diabólico, con una foto en la que también sale Matt Damon...

... A mi escepticismo y mi incredulidad, a veces reales y a veces forzados; a mi ingenuidad, aunque intente esconderla, y mi creerme todo lo que me digan, aunque intente negarlo y negármelo...

... Al pasado y sus fantasmas; al futuro y mis miedos...

... A ti... A mí... A ti y a mí...

... Al vacío, el silencio y la soledad que siempre han estado ahí , a la luz o agazapados pero siempre un lastre cada vez más pesado...

... A no poder nunca más volver a creer que hay lugar para lo bueno, ni poder creerlo a ciegas, ni poder fiarme de los demás, ni siquiera de mí misma. A no volver a confiar...

... A mis contradicciones...

... A no saber nunca en qué momento voy a hundirme en este agujero que me invade y me engulle, ni en qué momento saldré de él, ni si voy a conseguirlo alguna vez... A que todo se hunda cuando mejor aparentaba ir...

... A no ser capaz de expresar cómo me siento; a no saber cómo compartir mis miedos; a no ser totalmente comprendida ni aceptada, o no sentir que lo soy, o no ser capaz de sentirlo... Y eso que alguna vez en la vida tendría que ir tocando...

... A bloquearme. A este bloqueo emocional que me agarrota y nunca me deja relajarme del todo; a no volver a sentir más allá de mí misma...

... A sentirme vulnerable. A serlo...

... A depender del exterior para sentirme segura o insegura; a sentirme poderosa cuando me muestran que lo soy, o insignificante cuando demuestran, o cuando aparentan, que no importo... A depender, sin importar causa o circunstancias.

... A no encontrar más que cobardía por el mundo mundial (esa gente cobarde que no es capaz de afrontar sus sueños, echarle narices a la vida y lucharlos), y esas barreras altas. O que ése sea el argumento que esgrimen para no luchar, para no lucharme... A rebelarme contra esa cobardía y detestarla hasta la obsesión, sin poder relativizarla ni llegar a la indiferencia... A mi propia posible cobardía...

... A ser demasiado, y dar miedo... O a ser demasiado poco y no ser suficiente...

... A fallar y a que me fallen...

... A seguir cuidando y seguir necesitando que me cuiden pero no obteniéndolo...

... A no estar nunca tranquila; a no saber qué es la tranquilidad ni cómo quiero buscarla; a no estar segura de querer encontrarla...

... A no saber qué voy a hacer con mi vida...

... A todos estos obstáculos; a cansarme de luchar contra ellos, a cansarme de tirar de todos los carros yo sola...

... A que alguien llegue a descubrir que tengo todo este pánico guardado, y que hay lunas, e incluso soles, en las que me domina por completo...

... Sobretodo, tengo pánico al pánico...



****** "En mis sueños veo el mundo caminar; cuando duermo me da miedo despertar" // "El miedo es una grieta que agranda el dolor; miedo que da miedo del miedo que da".


Actualización: tres horas después, aún en pleno agarrotamiento, me he dado cuenta de que había escrito todo el post contando que tenía "pánico de"... Así, tal cual y del tirón. Y me había quedado más ancha que alta. Mi cerebro encendió por fin la luz de alarma y la RAE me confirmó que, en mi idioma, se tiene "pánico a", no "de". Mi pánico, como toda yo, es bien cabezón y utiliza la preposición que le da la gana, pero por si acaso lo he cambiado. Para no darle un disgusto a mi querido censurador, San Torquemada de la Pulcra Expresión. Sí, sí, tú. El que está a punto de quemarse.

Esto demuestra que cuando digo que se me está olvidando hasta el español lo digo con razón...

sábado, 19 de mayo de 2007

Como sigo con el cerebro egocentrado (bonito palabro) en asimilar conocimientos a un ritmo vertiginoso, y después saber soltarlos... La inspiración me tiene abandonada, pero por completo. La verdad, empiezo a sospechar que se ha olvidado de mí, la salope. Así que voy a servirme de una pequeña ayuda exterior para que sepáis que sigo viva, y mostraros qué es lo que anda rondando por mi cabecita loca en estas eternas horas de café y codos... Porque aún no entiendo cómo somos capaces de seguir mirando para otro lado... Es desolador.


“Venían de todos los pueblos al sur de la frontera en busca de trabajo, sin más bienes que la ropa puesta, un atado a la espalda y las mejores intenciones de salir adelante en esa Tierra Prometida, donde les habían dicho que el dinero crecía en los árboles y cualquiera bien listo podía convertirse en empresario. No les habían contado, sin embargo, que por cada afortunado cincuenta quedaban por el camino y otros cincuenta regresaban vencidos, que no serían ellos les beneficiados, estaban destinados a abrir paso a los hijos y los nietos nacidos en ese suelo hostil.

No sospechaban las penurias del destierro, cómo abusarían de ellos los patrones y los perseguirían las autoridades, cuánto esfuerzo costaría reunir a la familia, traer a los niños y a los viejos, del dolor de decir adiós a los amigos y dejar atrás a sus muertos. Tampoco les advirtieron que pronto perderían sus tradiciones y el corrosivo desgaste de la memoria los dejaría sin recuerdos, ni que serían los más humillados entre los humildes.

Pero si lo hubieran sabido, tal vez de todos modos habrían emprendido el viaje al norte”.


(“El plan infinito”, Isabel Allende).

lunes, 14 de mayo de 2007

Japi berzdei tú yú


Derrochando azúcar, pero es que esta canción me la ponían en la guarde y me encantaba.

Por lo demás, qué quieres que te diga, ¡qué barbaridad! Bien sabes tú que sobran las palabras...


Nota al pie: ...Y la verdad, también falta la inspiración. Hoy, máxima vulnerabilidad, sólo acertaba a pensar “¡¡Por favor que venga mi mamá a sacarme de este puñetero país ya!!” (ya se sabe, a la hora de la verdad nos cuidan las que nos cuidan). Todo eso ha sido después de no oír el despertador, que el tranvía no funcionara, un granizo del demonio y ocho horas de exámenes: dos catástrofes, 3 sobre 20 según los últimos cálculos, que ni las velas de mi abu –la fe mueve montañas, dicen- han conseguido salvar. N’importe quoi! En fin, chato, mañana será otro día. No será el tuyo, pero tampoco será lunes. Con eso, conociéndonos (knowing you, knowing me, porque hoy toca Abba), ya vamos bien servidos.

viernes, 11 de mayo de 2007

Colores

“How can I help it? How can I help it? How can I help what you think?
Hello my baby, hello my baby, putting my life on the brink
Why don´t you like me? Why don´t you like me?
Why don´t you like yourself?
Should I bend over? Should I look older just to be put on your shelf?
(...)
I could be brown, I could be blue, I could be violet sky.
I could be hurtful, I could be purple, I could be anything you like.
Gotta be green, gotta be mean, gotta be everything more.
Why don’t you like me, why don’t you like me?
Why don’t you walk out the door?”

Este muchacho me encanta. El otro gran descubrimiento musical del año, aparte de James Morrison, (es que ése me lo enviaron muy recomendado), del que hablaremos en otra ocasión. Lo único es que en el vídeo me ha recordado a Fidel... Que es, por otra parte, genial. Así que mi cerebro lleva todo el día repitiendo la melodía, pasando del verde al marrón, casi mareado por semejante torbellino de colores.

Por otra parte, creo que todos hemos tenido alguna vez ganas de gritar: “Why don’t you like me?”. Puede incluso haber momentos de debilidad en los que el “I could be brown, I could be blue” resulte tentador, como si cambiando los colores todo fuera más fácil.

La pregunta, retomando el último de los debates recurrentes a la hora del almuerzo, es: ¿estaríais dispuestos a pasar del azul al verde por otra persona? Y, sobretodo, ¿sería buena idea? Porque yo opino que ese tipo de experimentos nunca salen bien: se puede jugar con los múltiples matices de una tonalidad, pero al final los verdaderos colores terminan saliendo, tarde o temprano, probablemente en el peor momento. Y si eres violeta, resulta peligroso intentar convertirte en marrón.

No sé si todo esto ha quedado bonito y claro, me da la impresión de que no. Pero los límites de mi pequeño cerebro son cada vez más crueles: al final, de tanto intentar aprender a redactar en Esteidioma, se me está olvidando cómo escribir (bien) en el mío.

Por último, cabe añadir que hoy estoy muy orgullosa de mí misma, y eso merece ser publicado. Desde fuera puede parecer una chorrada, pero, la verdad, no me importa demasiado: me encanta vencerme a mí misma, sobretodo en esas supuestas “chorradas”. Señoras y señores, apláudanme y tírenme besitos... Cuando le echo morro a la vida, puedo ser alucinante. Como dirían por ahí, “cuando decido ser yo”...





***** "Why don't you walk out the door?"

martes, 8 de mayo de 2007

Noche entretenida

No puedo evitar sentirlo: felicidades, ya has ganado. Ya has conseguido recordarme que, aunque intente aparentar lo contrario, sigo teniendo la sensación de que se me jodió la vida para siempre. Y tú vuelves a recordármelo, por ejemplo, haciéndome sentir que por fin ella eligió, y que te eligió a ti y a tu cohorte. Frases hechas que no suenan a ella, sino a ti. Tú, que se supone que tenías como misión primera y primordial cuidarme y protegerme de todas las cosas.

Sobretodo, me duele sentir que una persona tan querida (más) se venda por dinero. Especialmente, he de reconocerlo, si además en el paquete me vende a mí.

Y soy la primera a la que no le gusta sentir esto como una guerra por conseguirla. Y probablemente no llevo razón, pero es así como me siento.

lunes, 7 de mayo de 2007

Sarkoland: le Grand Royaume du Petit Nicolas

Ça y est, c'est parti... Como vivimos en una democracia (todavía), toca aceptar que cada uno es libre de votar lo que le plazca: al Petit Nicolas, por ejemplo. Ante lo cual, yo también soy libre (todavía) de opinar sobre ese voto.

Por tanto... Aprovecho este mi foro de expresión para pedir un minuto de silencio por el trozo de democracia que ha muerto esta noche.

Introduzco, tras estos breves 60 segundos callados -que, me temo, habrán de durar 5 años- otro breve resumen y una pequeña imagen del nuevo SarkoEstado: un país donde primará la liberté, porque todos los trabajadores que libremente tengan la manía de comer todas las noches podrán libremente ser explotados por sus jefes; la égalité, pues la escuela se encargará de separar a los niños desde pequeños para decidir cuáles de ellos triunfarán en la vida y cuáles no (para lo cual, si son blancos, ricos y defamiliabien, SanPetitNicolas, en su infinita piedad, les otorgará toda la liberté del mundo mundial); y, por supuesto, la fraternité, taaaan imprescindible en esta nación que nace, tan tolerante, tan defensora de las razas y culturas, de la integración y la reinserción, de que los niños se levanten cuando entre el profesor en clase (¡qué mejor signo de respeto!)... Va a ser fraternalísimo este país, con tan simpáticas y abiertas políticas e instituciones.
Le Petit Nicolas enseñándonos, en su infinita sabiduría, las verdades de la vida. Él, que todo lo sabe, hará que se haga la luz sobre nuestras vidas... ¡¡Gracias Nico!!
Pronto La Marsellesa, altavoz en mano, presidirá todas las calles y plazas. Se olvidará de los hijos de la patria, y cantará, sencillamente, "Allons, gendarmes de la patrie.....". Mientras tanto, en lo que llevamos de noche han pasado por aquí unos 7 furgones con las sirenas a tope, porque ya hay revueltas que aplast... uy, perdón, digo... Sofocar. "Juntos", era su lema... Juntos, blancos, ricos y gentedebien, harán que todo sea posible.

Bienvenidos, pues, a Sarkoland, l'État-policier. Que ustedes lo disfruten. O, mejor aún, que les sea leve.



***** "Allons, enfants de la patrie, le jour de gloire est arrivé! Marchons, marchons, qu'un sang impur abreuve nos sillons!"

viernes, 4 de mayo de 2007

Morro... o casi

Esta noche me he acordado de ti, persona que amadrinaba proyectos (ex-proyectos) y que opina que "es un problema de actitud". Le he echado morro a la vida, contigo como maestra ejemplar, cambiando esa actitud. He disfrutado, he sonreído, he regresado sobre mis pasos y he conseguido una invitación sin más instrumento que mi mirada... Me ha faltado un minuto de reflejos, parecerme a ti echándole de verdad morro a la vida y conseguir el algo más que me hubiera apetecido... Asegurarme la invitación.

De todas maneras, la dieta del chocolate ante el bikini continúa siendo una buena opción porque el exceso de equipaje sigue siendo remarcable... Poco a poco, llegaremos a donde nos apetezca llegar. Aunque sea repitiendo pasaportes, sólo hay que creérselo y no dejar que los trenes pasen de largo.

“Miraba aquella luna de la noche siempre esclava.
Yo no quería perderme ni una sola madrugada.
Al menos contigo lo diré bajito.

Y al final nos quedaremos, ya verás, con el vaivén.
Y aunque, por ejemplo, a ti te siga dando igual perder...
A mí es que no, a mí no me da igual, yo quiero corazón,
no quiero echar de menos los mares de ilusión,
no quiero amarrarme a un puerto
donde ya no estallan huracanes de pasión.
Mírame, mírame, mírame: yo me hago el bajito.

Si yo no lo merezco, no me hagas destino.
Pero si no me acompañas yo me hago el camino”.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Sarkoland, debates y bombazos informativos

Pequeño apunte para irles introduciendo en la dinámica de Sarkoland que, salvo ulterior remedio de algún San Salvador de la Democracia, se instaurará el próximo domingo por la noche. Y ojalá mis pronósticos fallen. En la imagen, observamos al Petit Nicolas, en los días pre-final del Mundial 2006, gritando la habitual consigna de la selección francesa (Allez les Bleus, por el color de su camiseta)... al frente de su particular equipo de fútbol.
Como quiera que el debate político se abre paso incluso por la selva de mis desvaríos oníricos, no me va a quedar otra que mojarme un poco... Así están las cosas: vayan temblando, pues. Yo, con un poco de suerte, tendré tiempo de terminar mis quehaceres en este país antes de que él (Súpersarko) asuma sus poderes y me expulse por inmigrante y de-sangre-racialmente-mezclada-con-esos-africanos-racaille.

Y ahora, el BOMBAZO INFORMATIVO de la noche. Señores y señoras, jóvenes y jóvenas del mundo mundial, abran sus orejas y presten atención que no tiene desperdicio: no se inquieten por su futuro, el desempleo y la vivienda ya no son problemas preocupantes. SúperSarko ha venido para mostrarnos la luz y afirmar, quedándose más ancho que alto, que hay 10 países europeos que gozan de pleno empleo, especialmente cinco: Dinamarca, Irlanda, Inglaterra... y España. ¡¡Toma castaña!! ¡Y nosotros sin enterarnos, agobiados con másters, prácticas y currículums! Diez minutos después le pone la guinda al pastel: él quiere que los franceses sean propietarios de sus viviendas, como lo son el 80% de los españoles. ¿Ah, sí? Jo, qué mal informada estaba, yo que creía que eran los bancos los que poseían semejantes riquezas, y va a resultar que la hipoteca tampoco es para poner el grito en el cielo... Al final va a llevar razón Ánsar, y, tres años después, pese a lo apenados que seguimos por su marcha, España va bien.

Esto, si fuera otra hora y yo estuviera más despejaíca, podría darme para escribir un post dedicado exclusivamente a esta noticia, en tono ligeramente ácido... Pero no tengo ganas de dejarlo para otro día, que entonces perderé más tiempo y no puedo permitírmelo en esta época de exámenes (debo estudiar, debo estudiar, ¿para qué? Si total voy a encontrar trabajo sin traspasar más fronteras que las que me devuelvan a casa)... Así que aquí lo voy a dejar, paso sólo a comentar las fuentes del referido bombazo: el debate.

Pensaba postear esta tarde la imagen de arriba y añadir: "Esta noche, debate Ségo-Sarko. Dios mío, estoy asustada, se la va a comer"... Pero me hubiera equivocado. De eso nada. ¡¡No se la ha comido!! De hecho, esta señora ha demostrado que de mosquita muerta no tiene un pelo. Si acaso unos ovarios del tamaño de la Luna, y una leche considerable. Aunque, eso sí, un poco inútil sigue siendo, por eso me temo que no ganará. Tiene muchas propuestas preciosas pero quizá algo utópicas: no creo que pudiera ponerlas en práctica, pero me gustaría verla intentarlo. Su obstáculo principal sigue siendo el piquito de oro del Petit Nicolas (lo de petit va en serio, tiene una estatura propia de cualquier dictador del siglo XX que se precie, ¿les suena de algo?). Tela con la retórica que maneja el chavalote, dan ganas de oírlo aunque lo que dice te provoque náuseas...

Por otra parte, hoy hice un gran descubrimiento. Llevo unos dos años y medio conociendo este país. Este tiempo sirvió para darme cuenta de que en España nos quedan pasos por recorrer, sí; pero no somos tan catetos como pensábamos: la Francia profunda también existe, y además es enorme; aquí también han tenido y tienen sus buenas dosis de caspa y catetadas a lo cine español de los 60; la égalité y la fraternité brillan por su ausencia cuando les conviene; la panacea de la democracia (a la que ellos llaman República) tiende más a la concentración de poderes que cualquier monarquía europea (y no es que yo sea muy fan)... Y otras lindezas de este tipo que no se me vienen ahora mismo tan rápido a la cabeza por ser las horas que son. Todo este tiempo me dio para darme cuenta de que nos quedan muchas cosas por hacer para ser de verdad europeos. Pero que no es para tanto, en todas partes cuecen habas. Sin embargo...

Sin embargo hoy, por primera vez, me han dado envidia los franceses. Porque ya quisiéramos los españoles tener siquiera dos candidatos capaces de mantener un debate como el que vimos esta noche: con problemas prácticos, no con mareos pseudo-filosóficos del tipo realidad nacional; intenso, pero accesible; con argumentos sobre el plano político, no con insultos sobre el plano personal. Aunque se metieron mucha caña uno a otro (esto es lo que lo hizo divertido), para probarse: en resumen, incisivo pero no ofensivo. Sin recurrir a "España se rompe, uuuhhhh, uuuhhhh, que viene el lobo" ni a patochadas similares -de una y otra parte-. Claro que ellos no viven en un país tan guay y tan plenoempleo y cerohipotecas como nosotros, por eso tienen que esforzarse.

Como la esperanza es lo último que se pierde, yo sigo pensando que algún día recuperaremos el ritmo (en ciertas épocas doradas tuvimos incluso oradores brillantes)... y que, a lo mejor, el domingo, los franceses se portan bien y me sorprenden.


***** "Tranquilo majete en tu sillón"


pd: me despido del mundo porque dentro de medio minuto voy a caer en la más profunda e irremediable de las depresiones. El País me ha amargado la noche. ¿Por qué, Dios mío, estas injusticias? ¡¡La Panto se va a ver al Cachuli!! Menos mal que hoy no temo por mi futura hipoteca ni mi futuro desempleo, porque sino, ¿cómo iba a dormir yo?

martes, 1 de mayo de 2007

La reencarnación de Shigasad

Compipiso es una de esas personas humanas (es un decir) que daría para escribir varios libros. Vamos a empezar por un capítulo cualquiera.

Érase una vez un día lluvioso. Compipiso es esa persona que acepta mis propuestas de ir, en medio de una tarde de trabajo, al cine a ver una pinícula que puede servirnos pa’ los exámenes (fijarse las ideas). Pero Compipiso también es esa persona que, cuando veo que la lluvia aprieta y comento que quizá sería mejor dejarlo, afirma muy convencida “¡Noooooo! ¡No pasa nada!”; esa misma que hace que tengamos que ir todo el camino con la lengua fuera porque a la señora se le ocurre en el último momento mirar sus emails y perder su paraguas.

Compipiso es, por supuesto, ese espíritu saltarín que piensa que, a falta de pan, o de paraguas, buenas son tortas... O pashminas de unos 0’3 milímetros de grosor, que se lía en la cabeza con la gracia y naturalidad que la caracterizan. Preguntándose, al mismo tiempo, si, en este Sarko-país, la detendrán por parecer Osama (sí, sí, tienes tú una cara de Osama...). Y rechaza pegarse a mi culo para caber bajo mi paraguas. Y propone ir hasta el cine corriendo (como todo el mundo sabe, los adoquines de esta ciudad no resbalan). Y no para de reírse y de hacerme reír. Y pega un grito que se oye hasta en Pekín (por lo de su turbulenta historia de amor-pasión con los chinos), al pasar por la esquina de un soportal del que caen, en vez de chorros, las cataratas del Niágara. Y se dedica a empujarme para que me caiga del bordillo a la carretera y, a ser posible, me rompa la crisma (pero a ver entonces quien paga la mitad del alquiler). Y a lloriquear, cada vez que un charco o un torrente de agua acosa nuestros pies, porque “en esta ciudad siempre llueve”.

Finalmente, llegamos al cine... Y hay cola desde la calle. Y nuestra pinícula tiene colgado el cartel de “completo”. Compipiso se convierte entonces en esa persona que, con las pashmina adherida (casi incrustada, diría yo) en el pelo y en la piel, chorreando lluvia, exclama: “¡¡Parezco Shigasad!!” (Sherezade, pa los amigos). Esa persona que se pasa, de nuevo, todo el camino de vuelta echándome la culpa a mí de este desastre –un error de base, pues ya comenté que yo propuse la idea pero ella la impuso pese a que los elementos se conjuraran en nuestra contra-. Que va pegando saltitos y bufidos, de nuevo, para esquivar los charcos. Que está a punto de comerse a los enanos con paraguas que se le cruzan por delante. Que, dos años después, sigue perdiéndose por las calles del barrio. Que asegura que “Esta tarde nos vamos a ir a correr, aunque llueva, si eso nos vamos en bikini” (sí, sí, pero el mío tiene flores). Que se gira para gritar “¡Cállate, tonto!” cuando los tíos al pasar se ríen de nuestra pinta.

Es esa persona de un optimismo tan mortificadoramente revitalizante que, poniendo en peligro la estabilidad y dignidad de mi esfínter, hace que regresemos a casa pegando saltos y bailando, a pleno pulmón. A lo Fred Astaire. “I’m singing in the rain”.

En resumen: hemos llegado con charcos en los pies y la ropa pesando 3 kgs más... Pero nos lo hemos pasado pipa nosotras con nosotras mismas.



pd: la próxima vez que diga en un comment que voy mejor con lo de regenerarme la baba... que alguien me recuerde que me meta la lengua en el culo, no sea que los astros y la informática sigan aliándose en mi contra.