Vulnerabilidad, volumen 3 y espero que último. O exhibicionismo emocional de padre y muy señor mío. (A ver si se acaban ya estos perpetuos e infinitos exámenes y dejas de ser mi tema recurrente, y mi boli deja de escribir, de corrido, cosas como ésta, que no todas tienen que ver contigo pero en las que acabas por aparecer, cuando me pilla débil, en medio de un examen, o cuando mi traidor subconsciente vuelve a pasarse la noche entera soñando contigo).
Mañana. Mañana entraré volando por tu ventana. Y la dejaré abierta, para que, junto a mis besos, te despierten el olor y el sonido del Atlántico furioso. La sal te acariciará y remolonearás. Y entonces, al abrir los ojos, mi piel se derramará por tu almohada; y tu mirada y tú me diréis: “¡Buenos días!” seis o siete veces, como solías hacer en aquella época (corta) en que yo dormía contigo. Y volveré a olvidar un bote de champú en tu bañera.
Después yo me desperezaré de ese sueño, y lamentaré que sólo fuera un mañana. Y te echaré de menos en otro despertar. Y echaré de menos poder recordarte de manera suave y optimista. O de manera bouleversante y contradictoria. Porque estoy cansada de recordarte en el imposible, en el negativo, en la rabia, la impotencia y la decepción. Según los planetas, tú eras agua y yo era tierra. Y, sin embargo, siempre me pareció que tú eras fuego (intenso, auténtico, leal) y yo era viento (pasión, libertad, interrogante). Aunque nos cambiábamos los papeles constantemente.
Mañana. Qué dulce este arma de doble filo: soñar con mañana para no aterrizar en lo que tengo hoy.
Mañana. Mañana será el día en que conseguiré todo lo que me proponga. Mañana volaré y saltaré al vacío, sin que luego el vacío se burle de mí y me abandone. Mañana elegiré, y elegiré bien, y no me daré a cualquiera; pero tampoco me cabrearé cuando los demás no sepan discernir. Mañana, un poner, no me daré a ti. Ni a esapersona. Ni tampoco a ésa. Ni, sobretodo, a ésa.
Mañana plantaré un árbol, tendré un hijo, escribiré un libro. O, al menos, escribiré. Y conseguiré que no me cueste un mundo enseñar lo que escribo. Ni, sobretodo, un universo recuperarme de haberlo enseñado.
Mañana, como decía, plantaré un árbol, tendré un hijo y escribiré un libro. Y, con un poco de suerte, dejarás de aparecer inconsciente e invariablemente en mi sistema nervioso cada vez que piense, o que alguien mencione, alguna de estas tres acciones (una ida de olla, lo sé; pero ocurre). Dejarás de aparecer, inamovible, cada vez que piense en sexo, en amor o en amistad. Cada vez que piense en la palabra superhéroe, la palabra pregunta, respuesta, camino (antes de ti, siempre me prefirieron respondiendo preguntas ajenas en vez de cuestionándome las mías propias). Dejarás de aparecer, en fin, cada vez que piense en las palabras. Cada vez que sienta que el mundo no me cuida. Con un poco más de suerte, también olvidaré que fuiste el único momento en que de verdad sentí que no hacía falta explicarlo para que lo entendieras (porque también era la historia de tu vida), y que es por eso que te echo tanto de menos. Y no necesitaré contarte que estoy harta de girar a destiempo del mundo, de cuidarles... Que estoy harta de que no me cuides. Harta de no olvidarte.
Mañana no me importará un carajo que me cuiden o no, porque por fin, mañana, me bastará con cuidarme a mí misma. Y ellos dejarán de decepcionarme; y yo dejaré de esperar que no lo hagan.
Mañana sabré no sólo andar descalza, sino también ser feliz por ese camino... Mañana volaré. Descubriré lo que quiero hacer, en la vida, en el mundo, qué lugar ocupo. Mañana tú me ayudarás a descubrirlo; y, sobretodo, mañana lo averiguaré yo solita, y no necesitaré tu ayuda, ni tus preguntas para mis respuestas (“Sabes abrir mis puertas preguntándome...”).
Mañana dejarán de dolerme las despedidas y los aeropuertos, dejaré de sentirme desubicada. Me encontraré, pero en realidad no necesitaré estarlo. Dejaré de perder tiempo en tonterías (escribiendo esto, por ejemplo). Dejaré de sentirme sola. Dejará de importarme estarlo. Dejaré de necesitar compartir todo esto contigo, y todo lo que no pudimos llegar a darnos.
Mañana. Mañana, ojalá, a ver si dejo de creer que te quiero. O, al menos, dejo de dudar si llegué a amarte (siempre es mejor en pretérito). O, al menos, a ver si aclaro si me gustas más tú o lo que no pudo ser. Pero qué cabezona que soy (espero).
Mañana dejaré de necesitar lo contrario de lo que tengo. Dejaré de sentirme incómoda lejos pero aburrida dentro.
Mañana. Mañana seré otra persona, diferente, más segura. Una que me guste más, que no me haga sentir gilipollas porque doy sin recibir. Una que siempre consiga recibir. Una que te guste más a ti, que te guste tanto que no puedas salir huyendo, ni ser cobarde. Una persona más valiente. Que deje, repito, de ir detrás de todo el mundo, de estar pendiente de ellos. Que sepa lo que quiere. Que no sepa que hay gente que la considera taaan excepcional pero que luego parece olvidarlo. Que no espere cosas que no debe. Pero, a la vez, que no sepa que la vida no siempre es justa. Que ni siquiera lo crea. Que no sepa que hay cosas imposibles, que el mundo es una mierda y las personas... Que no vuele pa luego estrellarse.
“Algunas veces vuelo, y otras veces me arrastro demasiado a ras del suelo”.
Que no mire de vez en cuando el teléfono, aunque tú no llames, pa ver si llamas. Que no haga contigo una fijación. Una persona a la que no le ocupes el alma, el cuerpo y el recuerdo. El tiempo, el aire y el espacio. Que se atreva a abrirse; pero que, a la vez, se sienta de verdad cómoda con este silencio, y no le resulte sólo algo autoimpuesto.
Mañana. Mañana seré todo eso, conseguiré todo eso. O, al menos, mañana dejaré de pensar en ti, siempre presente. Dejaré de echarte de menos... espero.
Tres acciones. Tres cosas que hacer en la vida. Y en las tres apareces, invariablemente, tú. Este arma de doble filo...
***** “Duermes. Insomne cruzo la casa y te busco intranquilo. Porque sueño a tu lado aunque no duerma contigo”.