viernes, 30 de marzo de 2007

Envidia

No sé si consolarse es siempre tan fácil, pero, desde luego, el que no se reconforta es porque no quiere. Llevan ya unos cuantos días repitiéndome una frase concreta (en realidad varias, para ser más exactos), chispa más o menos:
- "A pesar de los trabajos y los exámenes y todas esas mierdas que tenéis, que sepas que te envidio mucho mucho, envidio lo que tenéis aquí y esto, en general".
- "Pues me encanta sentirme envidiada".
- "Pues claro, por eso te lo digo".

Y, efettivamente (que sepas que ya cada vez que me sale de forma espontánea esta palabra me acuerdo de ti), me gusta sentirme objeto de esta sana envidia. Significa que no es un espejismo, que no sólo me gusta porque me lo he construido así, sino que la construcción es tan real que también se ve desde fuera. Y eso no sólo insufla optimismo, sino incluso cierto orgullo. Porque yo me lo guisé, me lo comí, y lo conseguí. Porque, cada día, más y mejor.

Aunque se turnen el sol y el granizo, y nos entre el descojone porque no cabemos en el paraguas. Aunque, intentando no pensarlo, no pude evitar que estos días se me hayan teñido de "La vida, tía, la vida". Y aunque no me guste nada como me está quedando escrito esto porque te tengo al lado dándole vueltas a la soja y leyendo de mi horóscopo "Réfléchissez avant de signer un contrat qui paraît avantageux mais peut comporter pero puede restringirte". Y así, la verdad sea dicha, no hay quien se concentre.

***** "Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva"

lunes, 26 de marzo de 2007

Lunes... o primavera

Jopelines... Hoy vuelve a ser Lunes, con todo lo que eso supone... Y, ¿para qué sirven los lunes? Pues sirven, básicamente, para que yo llegue tranquilamente a clase –tranquila pese a haber dormido, encore une fois, dos horas y media- y me pase una hora sonriendo al recordar lo geniales que son las abuelas y al ver a las ardillas buscar un poquito de sol de árbol en árbol. Y en ésas estoy yo, descojonándome viendo, además, a la Señorita P.B. hablar sobre economía, globalización y desigualdades (cuando es lunes, son las 8 de la mañana y el tema te provoca arcadas, lo mejor es intentar abstraerte para no empezar la semana con el sofocón). Para todo eso sirven los Lunes.

Pero claro... Los Lunes también sirven para más cosas. Repito: vuelve a ser Lunes. Y eso también significa que, hoy sí: hoy has decidido que existo. Hoy has decidido hablarme como si no pasara nada, e incluso mirarme y sonreírme. Tío, a ti no hay quien te entienda y a mí me vuelves majarona. Y, encima, no fui capaz de mostrarte mi indiferencia tanto como me gustaría, porque montar pollos enmedio de la facultad no es mi estilo. Y la auto-represión me envenena. Yo con mi rabia asumida y mi decisión de que conmigo no cuentes y que ni siquiera voy a tomarme la molestia de anunciártelo, y tú... Haz el favor de no ponérmelo tan difícil, deja de marear. Ya te lo dije, asume que o estás a todas o no estás a ninguna. O eres amigo mío, o eres sólo conocido. Medias tintas y pa lo que te interese, no. Decide en qué sitio quieres ponerte y quédate ahí quietecito. Que al final me has obligado a anunciártelo. Y a soltarte incluso que en realidad ya apenas me importa en cuál bando decidas quedarte. Total, para que las pocas palabras que consigues soltar no hagan más que empeorarlo. ¡Haber mareado mi perdiz porque ya te daba hasta vergüenza estar mareándola! Sabes que hay pocas cosas que me cabreen más en la vida que la cobardía.

Lo malo es que hoy por fin me di cuenta de porqué todo esto me quema tanto: lo que me escuece es que cada día que pasa, cada detalle y actitud que veo (y, sobretodo, que no veo), me hace darme más cuenta de hasta qué punto mi decisión fue acertada. Que si en realidad, venda fuera, eres como ahora te muestras, cuanto más cerca la salida, mejor. Y me duele, porque suena muy duro: por ti, y por mí, porque vaya criterio de selección...

Pero en fin... Que yo no iba a escribir hoy de esto, sino de la primavera (joder cómo me enrollo). Y que, al fin y al cabo, la ventaja de que hoy sea Lunes con todo lo que eso conlleva, es que mañana es Martes... con todo lo que eso conlleva.

Así que aquí dejo esto, que originó la idea esta de gritarle al viento un poquito más alto. Hace dos semanillas ya.

“Hoy, yo y mi cabezonería (el burro delante) nos hemos empeñado en salir de la facultad con el abrigo puesto; porque nosotras somos del Sur, y unos cuantos gradillos de más no nos espantan.

Pero, hoy, yo y mi cabezonería hemos tenido que bajarnos los pantalones y quitarnos el abrigo... porque el sol calentaba.

Entonces... la primavera había comenzado... Y yo sonreí”.

pd: cinco días después, tuve que volver a bajarme los pantalones y a ponerme el abrigo, porque sólo era una falsa alarma... Pero bueno, la intención es lo que cuenta, y yo valoro mucho que la primavera intentara despuntar :-)


***** “... Pero sucede también que, sin saber cómo ni cuándo, algo te eriza la piel y te rescata del naufragio”

domingo, 25 de marzo de 2007

Esperanza

Hoy estoy muy contenta, aunque de nuevo tenga que ver contigo, lo cual no me gusta tanto (pero, ja ja, el de mañana está preparado desde hace tiempo y no tiene nada que ver contigo :-)

Ni siquiera con respecto a ti, no creas. No todo son vulnerabilidades. Hoy caí en la cuenta de que, hace poco, los periódicos pasaron un par de semanas informando sobre aquel escritor del que tanto me hablabas. Y de que yo no asocié ambas ideas... ¡¡Dos semanas leyendo artículos sobre ese escritor que tanto te gustaba, y ni en una sola de esas letras me acordé de ti!!

Tiene bastante mérito, dados los antecedentes. Y, sobretodo, teniendo en cuenta que fue TU versión de SU frase la que te hizo conseguir, en dos segundos, lo que tu placaje llevaba varios días buscando: desarmarme. Y fue, en definitiva, TU versión de SU frase la que puso mi trasero en aquel avión e hizo que me metiera los kilómetros y los años en el bolsillo. Y la que, de alguna manera, hace que siga creciéndome ante cada piedra del camino, aunque el camino ya no tenga que ver contigo. Creo que no alcanzas a imaginar la herramienta que me diste con esas palabras; y que es por eso que sigo sintiéndome agradecida a pesar de todo lo que (no) ha pasado después.

Dos semanas oyendo hablar de ese escritor que tanto te gustaba y no me recordó a ti... ¿Será entonces que vienes por ciclos y tienes remedio? Hoy estoy orgullosa de mí misma, y eso es lo más importante. Pero, además, lo cierto es que me alegra saber que tú también lo estás. De sobra, creo, lo sabemos los dos: porque algo (quizá tu voz, quizá tu silencio) me dice que tampoco tú has pasado ni un solo día, desde entonces, sin pensar en mí.


***** “Y tú, que te conoces el mapa de mi alma y sabes que hay un mundo detrás de mi mirada...”

sábado, 24 de marzo de 2007

Mañana

Vulnerabilidad, volumen 3 y espero que último. O exhibicionismo emocional de padre y muy señor mío. (A ver si se acaban ya estos perpetuos e infinitos exámenes y dejas de ser mi tema recurrente, y mi boli deja de escribir, de corrido, cosas como ésta, que no todas tienen que ver contigo pero en las que acabas por aparecer, cuando me pilla débil, en medio de un examen, o cuando mi traidor subconsciente vuelve a pasarse la noche entera soñando contigo).

Mañana. Mañana entraré volando por tu ventana. Y la dejaré abierta, para que, junto a mis besos, te despierten el olor y el sonido del Atlántico furioso. La sal te acariciará y remolonearás. Y entonces, al abrir los ojos, mi piel se derramará por tu almohada; y tu mirada y tú me diréis: “¡Buenos días!” seis o siete veces, como solías hacer en aquella época (corta) en que yo dormía contigo. Y volveré a olvidar un bote de champú en tu bañera.

Después yo me desperezaré de ese sueño, y lamentaré que sólo fuera un mañana. Y te echaré de menos en otro despertar. Y echaré de menos poder recordarte de manera suave y optimista. O de manera bouleversante y contradictoria. Porque estoy cansada de recordarte en el imposible, en el negativo, en la rabia, la impotencia y la decepción. Según los planetas, tú eras agua y yo era tierra. Y, sin embargo, siempre me pareció que tú eras fuego (intenso, auténtico, leal) y yo era viento (pasión, libertad, interrogante). Aunque nos cambiábamos los papeles constantemente.

Mañana. Qué dulce este arma de doble filo: soñar con mañana para no aterrizar en lo que tengo hoy.

Mañana. Mañana será el día en que conseguiré todo lo que me proponga. Mañana volaré y saltaré al vacío, sin que luego el vacío se burle de mí y me abandone. Mañana elegiré, y elegiré bien, y no me daré a cualquiera; pero tampoco me cabrearé cuando los demás no sepan discernir. Mañana, un poner, no me daré a ti. Ni a esapersona. Ni tampoco a ésa. Ni, sobretodo, a ésa.

Mañana plantaré un árbol, tendré un hijo, escribiré un libro. O, al menos, escribiré. Y conseguiré que no me cueste un mundo enseñar lo que escribo. Ni, sobretodo, un universo recuperarme de haberlo enseñado.

Mañana, como decía, plantaré un árbol, tendré un hijo y escribiré un libro. Y, con un poco de suerte, dejarás de aparecer inconsciente e invariablemente en mi sistema nervioso cada vez que piense, o que alguien mencione, alguna de estas tres acciones (una ida de olla, lo sé; pero ocurre). Dejarás de aparecer, inamovible, cada vez que piense en sexo, en amor o en amistad. Cada vez que piense en la palabra superhéroe, la palabra pregunta, respuesta, camino (antes de ti, siempre me prefirieron respondiendo preguntas ajenas en vez de cuestionándome las mías propias). Dejarás de aparecer, en fin, cada vez que piense en las palabras. Cada vez que sienta que el mundo no me cuida. Con un poco más de suerte, también olvidaré que fuiste el único momento en que de verdad sentí que no hacía falta explicarlo para que lo entendieras (porque también era la historia de tu vida), y que es por eso que te echo tanto de menos. Y no necesitaré contarte que estoy harta de girar a destiempo del mundo, de cuidarles... Que estoy harta de que no me cuides. Harta de no olvidarte.

Mañana no me importará un carajo que me cuiden o no, porque por fin, mañana, me bastará con cuidarme a mí misma. Y ellos dejarán de decepcionarme; y yo dejaré de esperar que no lo hagan.

Mañana sabré no sólo andar descalza, sino también ser feliz por ese camino... Mañana volaré. Descubriré lo que quiero hacer, en la vida, en el mundo, qué lugar ocupo. Mañana tú me ayudarás a descubrirlo; y, sobretodo, mañana lo averiguaré yo solita, y no necesitaré tu ayuda, ni tus preguntas para mis respuestas (“Sabes abrir mis puertas preguntándome...”).

Mañana dejarán de dolerme las despedidas y los aeropuertos, dejaré de sentirme desubicada. Me encontraré, pero en realidad no necesitaré estarlo. Dejaré de perder tiempo en tonterías (escribiendo esto, por ejemplo). Dejaré de sentirme sola. Dejará de importarme estarlo. Dejaré de necesitar compartir todo esto contigo, y todo lo que no pudimos llegar a darnos.

Mañana. Mañana, ojalá, a ver si dejo de creer que te quiero. O, al menos, dejo de dudar si llegué a amarte (siempre es mejor en pretérito). O, al menos, a ver si aclaro si me gustas más tú o lo que no pudo ser. Pero qué cabezona que soy (espero).

Mañana dejaré de necesitar lo contrario de lo que tengo. Dejaré de sentirme incómoda lejos pero aburrida dentro.

Mañana. Mañana seré otra persona, diferente, más segura. Una que me guste más, que no me haga sentir gilipollas porque doy sin recibir. Una que siempre consiga recibir. Una que te guste más a ti, que te guste tanto que no puedas salir huyendo, ni ser cobarde. Una persona más valiente. Que deje, repito, de ir detrás de todo el mundo, de estar pendiente de ellos. Que sepa lo que quiere. Que no sepa que hay gente que la considera taaan excepcional pero que luego parece olvidarlo. Que no espere cosas que no debe. Pero, a la vez, que no sepa que la vida no siempre es justa. Que ni siquiera lo crea. Que no sepa que hay cosas imposibles, que el mundo es una mierda y las personas... Que no vuele pa luego estrellarse.

“Algunas veces vuelo, y otras veces me arrastro demasiado a ras del suelo”.

Que no mire de vez en cuando el teléfono, aunque tú no llames, pa ver si llamas. Que no haga contigo una fijación. Una persona a la que no le ocupes el alma, el cuerpo y el recuerdo. El tiempo, el aire y el espacio. Que se atreva a abrirse; pero que, a la vez, se sienta de verdad cómoda con este silencio, y no le resulte sólo algo autoimpuesto.

Mañana. Mañana seré todo eso, conseguiré todo eso. O, al menos, mañana dejaré de pensar en ti, siempre presente. Dejaré de echarte de menos... espero.

Tres acciones. Tres cosas que hacer en la vida. Y en las tres apareces, invariablemente, tú. Este arma de doble filo...


***** “Duermes. Insomne cruzo la casa y te busco intranquilo. Porque sueño a tu lado aunque no duerma contigo”.

viernes, 23 de marzo de 2007

Lo necesario

Un alto en el camino de la vulnerabilidad... Hoy, más bien, expresemos sentimientos y agradecimientos. Eso sí que no es sano reprimirlo.

Pero antes, algunas cuestiones trascendentales:
¿Por qué el nombre de todos los continentes empieza por una vocal?
¿Por qué cuando la gente se pone a dieta sólo puede rellenar el pan integral con unas lasquitas de queso fresco, con lo que engordan el resto de quesos?
¿Alguien se ha fijado en lo bonito que suena “echar de menos”? No me refiero al acto en sí, sino a un análisis pseudo-filológico de su forma. Si dividimos la expresión en dos partes: “echar”, que tiene muchos sentidos expansivos, neutralizado por el “de menos”. Súper lírico y metafórico. En esteidioma sería algo así como “faltar”, y en inglés también, ¿por qué el nuestro es más original? Algunos de los nativos extranjeros que me rodean comparten esta mi opinión.
Otra cosa: tengo muchas ganas de encontrarme con un caracol y quedarme un rato mirando cómo sale de su concha, se adhiere a la pared y empieza a menearse... “Caracol col col, saca los cuernos al sol”. Y no va con metáforas.

... Las cosas que se le ocurren a mi cerebro con tal de no terminar el trabajo. Y eso que la mitad de las preguntas se me olvidaron ya. ¡¡A la segunda ya le encontré respuesta!!


Ahora, al lío. Me han mandado un test de ésos de cadena, relativamente original. Consiste en evaluar el 2006 (con cierto retraso), eligiendo un momento o persona por mes, y diciendo porqué. Yo voy a adaptarlo a mi modo: pondré más bien personas, que son las que hacen que lo demás valga. Y tampoco lo haré mes a mes, porque casi todo se mezcla a lo largo del año. Hay de todo: los que siempre estuvieron y siguen ahí (mérito, va por ustedes), los que ya estaban y se quedaron (también por ustedes), los que llegaron para quedarse (bravo), los que llegaron y se esfumaron (probablemente no os merecéis aparecer, pero yo pretendía sacar la mierda pa fuera, ¿no? ¡Po yatá!). En fin, lo que viene siendo la vida. Sólo autocensuré una categoría: los que ya estaban pero se esfumaron (bastantes, por cierto), porque ésa aún escuece demasiado (yo y mi criterio de selección).
Vaya, en resumidas cuentas, no lo hago en plan test y no pienso pasarlo. Pero está bonito pensar en quién significa algo especial y porqué darías las gracias... Mola darte cuenta de que esto supone un esfuerzo ya que hay más gente digna de mención, pero ésta tiene que ser la del 2006 y no la de años anteriores. Aunque luego la mitad de la lista sólo sirva para algunos momentos, y para el resto sigan sobrando dedos... Pero bueno, es lo que tengo, es lo que hay :-)

Así que allá va...

Por sacarle brillo a mi mirada cuando se apaga: volví a aprender lo necesario.

A C., por prestarme sus ojos cuando los míos no ven las estrellas; por los empujones y el valor del silencio. Por guardar mi bellota. Porque oír reír a través de una webcam también puede darme escalofríos (verídico).

A A., por las vidas paralelas (quel besoin d’expliquer alors?), el capítulo por conocer, la paciencia infinita, el teléfono en Esteidioma.

A D., por radiografiar con precisión incluso los recovecos que me empeño en ocultar (los años es lo que tienen); por la aceptación incondicional, aun conociendo mis peores zonas como casi nadie. Por los posts y por cruzarnos en el tiempo.

A G., por creer en mi puesto en el pasillo (en el medio, siempre en el medio) y saber lo que voy a decir y sentir antes que yo misma; por no hacerme demostrar nada.

A E., por la telepatía, los achuchones (“estoy mirando billetes porque llevo demasiado tiempo sin verte el careto y no me gusta un pelo”), las mejores juergas (pero qué malas que somos) y por animarme hacia la salida rebelde e incorrecta.

A A., por preguntar siempre “Y, ¿cómo estás tú?”, por los atardeceres, por la improvisación y por el otro punto de vista.

A I., por la intensidad: que merecieran la pena horas de ausencia a cambio de minutos a tope. Por el poder de las miradas (centrando el discurso), la revolución y la electricidad (proxénica, simbiosis); por enseñarme a conocer mi mejor vertiente y a recordar que existen más caminos. Por Septiembre.

A L., por sus largas ausencias de despiste y sus valiosos retornos en el momento más necesario; por intuir el instante preciso del abrazo.

A T.: ¿Se puede creer más en mí? Por las piedras lunares y los cuentos sanos y diferentes.

A P., por la sonrisa, la energía (tellement hyperactive), el juicio. Por dar cada día más, dando siempre lo mismo. Por abrirse hueco poco a poco, en silencio (“Estás blanquita”. “Ya no” // “Creo que necesitas dormir”. “Creo que las dos estamos locas”).


Y, por supuesto, last but not least:

A mi Enana (con mayúscula porque tú lo vales), por mostrarme que ahí dentro hay mucho más que una versión corregida...

A mi abu, por ponerme velas, por creer en ellas, por cebarme y por sus legendarias frases de ánimo...

A mi mamá, por CUIDARME siempre siempre, sin condiciones ni modos. Y por todo lo demás, que ya es muchísimo.


***** “Por estar siempre a mi lado sin pedir explicación... When you say nothing at all”

jueves, 22 de marzo de 2007

Cien días

Vulnerabilidad, volumen 2: un poco más de exhibicionismo emocional soltemos-la-mierda. Otro momento de debilidad, a principios de Enero... Yo es que de día estoy bien (suelo), pero de noche... Las fases REM me sientan fatal y la Navidad, pa algunas cosas, también.

¿Pero qué narices pasa? Yo lo que no entiendo es porqué, a estas alturas, más de cien días después, sigo así (“encerrada en aquel bar, pidiendo fuego o alguna pista que la ayudara a encontrar la luz dentro de laberinto, el mapa donde está escondido, el mar donde arden las promesas en que solías naufragar”). Cien días después (“escondiéndose del gris cielo de Marzo –Septiembre- y sus atascos, tragando niebla por la nariz, soñando contigo en los lavabos, jurando no salir con vida, sellando todas las salidas, buscando en un mar de ginebra una playa en la que encallar”), hoy sigo, y vuelvo, hoy un poco más, a echarte de menos, a tenerte siempre presente, de una u otra forma, en cada segundo, en cada esquina.

Y aquí estoy yo ahora, lamentando no tenerte, lamentando (quizá esto sobretodo) que me hayas dicho, tú, que no; lamentando no saberte perdido y entregado; lamentando no haber oído lo que te quedó por decir, no haber leído el mail que te quedó por enviar, haber creído las promesas de que sí lo harías. No entiendo porqué me pasa esto. O en realidad sí lo entiendo: es la Teoría del Camping.

Porque no... Pero aun así... Aun así lo echo de menos, aun así te echo de menos; y echo de menos la intensidad, y echo de menos la energía, echo de menos las miradas, que salten chispas, el fuego, que arda el mundo (Roma y Santiago)... Y echo de menos las conversaciones, y tu modalidad de indirecta-cañonazo... Eras totalmente inestable y totalmente imperfecto, y aun encima merecía la pena. Y volvería a repetirlo. Tú y tu imperfección.

Y ni siquiera lo sabes (creo). Ni pega que lo sepas. Ni mereces saberlo, aunque creo que yo sí merezco decírtelo y desahogarme.

Joder, i., joder. Por un lado afirmo que mereció la pena, y por otro... Por otro grito (a ti no, que no me escuchas; más bien al viento), igualmente y con la misma vehemencia, que “ojalá no te hubiera conocido nunca”. Joder, i., joder.

***** “El caso es que no conseguimos aislarnos del resto de este mundo donde los humanos cambian sus sueños por aire. Pero cuando quieras escaparte del cristal de tu escaparate...”

miércoles, 21 de marzo de 2007

Tren

Vulnerabilidad, volumen 1: esto salió poco antes de Navidad, en algún punto de una frontera... Y es el primero de los tres volúmenes vulnerables que vienen con retraso. Y siento ser tan ceniza (me lo estoy diciendo básicamente a mí misma), pero necesito soltarlo para poder reciclar.

Las siestas en el tren, es lo que tienen: o te sientan estupendamente, o son traicioneras y te dejan el cuerpo cortao.

“Al final, todo recuerda a todo, siempre...

Este paisaje yo ya lo he visto, con la misma luz y el mismo cielo gris. Y Estepueblo son tantas cosas... (Aquí es donde tus ojos me dejan desarmada rompiendo en mil trocitos mi parte más exacta).

Esa estación, ese camino, Esedestino... Volver a lo que nunca volverá; sí, efectivamente, quizá sea mejor... Pero sigue doliendo. Duele, sobretodo, no elegir; y también duele que no fuera ("Como para que aun encima sea un amorcito de verano", dijiste). Despedidas en Estepueblo... Harta, cansada de despedidas... Yo ahora podría coger otro avión, uno diferente... E ir a otro sitio, a ver tu océano gris, cabreado y embatiendo, en vez de volver a mi mar precioso, azul y tranquilo, pero con menos espuma... Harta de mails no respondidos, aun cuando claro y echaba de menos oír tu voz, y aun cuando también se prometió y pa esto sí se supone que sí... "

***** “Estoy a punto de romperme porque me gustas con coraje”

NOTA INFORMATIVA: NO APTA PARA ESTADOS DEPRESIVOS (añadido al post tres horas después...)
Esta tarde E. me ha dicho, así como quien no quiere la cosa, que definitivamente el año que viene se queda en Esaciudad. Snif. La última vez que habíamos tenido valor para sacar el tema, ella no lo tenía tan claro porque el medio era demasiado hostil. Ahora, una vez superadas ciertas diferencias pseudo-culturales, el medio está estupendo y la decisión es definitiva. A mí siempre me pareció que debía estar guay vivir allí.

Por descontado que me alegro mucho por ella. Profesionalmente, es la opción correcta. Probablemente la misma que yo habría tomado en su caso. Pero joder... egoístamente me hace mierda, porque era, de lejos, lo mejor que me iba a quedar allí el año que viene. Y esto significa que ya nunca coincidiremos en el espacio temporal más allá de las visitas fugaces. Y ahí se me hace el nudo. ¿Cuántas horas más podré disfrutarte? ¿5, 6 días al año? ¿Con suerte un par de semanitas?

La mayoría de los días me gusta el tipo de vida que llevo, básicamente por eso lo elegí. Aunque lo de “elegir” es relativo: sencillamente no me siento demasiado capaz de lo contrario. Ser nómada es muy jodido, la soledad es tremenda, pero creo que me parieron incapaz de tener el culo puesto en el mismo sitio demasiado tiempo.

Ahora bien... hay otros días, como hoy, en los que todo se me echa encima. Es cansadísimo y desolador. Estoy HARTA de pasarme la vida echando de menos a gente. Y lo peor es que ya no le veo remedio: yo puedo cambiar de ritmo y volver a lo mío –aunque ya no sé demasiado qué es lo mío, porque cada vez se desintegra más-. Pero ya habré estado dando tantas vueltas que siempre quedará lejos gente a la que echar de menos. La mayoría de las veces me consuelo en las nuevas tecnologías y en saber que estamos ahí, que lo sabemos. Con los dedos de una mano, pero lo sabemos. Hoy no. Hoy eso no me basta: hoy necesito un café, una tapa, una revisión de monumentos monumentales, agujetas de reírme... Y un montón de achuchones.

Será este síndrome pre-menstrual que me está atacando cual jauría asesina. Que por cierto, casi siempre ataca por el mismo flanco, será que es mi punto débil. Mi otra amiga E. se cabrearía si leyera esto, porque opina que eso es una teoría sexista y machista. Sexista, machista o lo que tú quieras. Pero a mí las hormonas me vuelven majarona al menos un par de días al mes, cual tiovivo, como a los quince años. O, al menos, prefiero pensar que es culpa de las hormonas y que pronto se me pasa.

Y, encima, hoy cayó una extraña mezcla de agua-granizo-nieve. El mundo se va, como bramaría Fernán Gómez, a la mierda (lo dicen los científicos). Qué optimismo.

Qué asco de hormonas. Qué asco de distancia.

***** "And I know it's a wonderful world but I can't feel it right now"

martes, 20 de marzo de 2007

(Algunas) Cosas que me gustan de esta ciudad

Esto lo tenía desde hace ya casi dos meses por ahí guardado... Creo que es el momento de sacarlo: por hacer justicia –a la ciudad y a todos los que me aguantaron roñando contra ella; por el pellizco que se me coge ante la relativa inminencia de otra despedida: cuanto menos tiempo queda, más me gusta y más pena me da no saber cuándo regresaré, así que éstas son, en resumidas cuentas, las cosas que echaré de menos; porque todos los deberes atrasados no son tristes ni negativos; y por animar la cuenta atrás, que hoy es martes y toca sonreír.

- El queso. Los millones de quesos que existen. Los millares de quesos que hay siempre en mi nevera.
- Las napolitanas, los croissants, el pan... Nada que ver con el resto del mundo.
- El viejito que recarga la máquina de napolitanas en la facultad, cada mañana a la misma hora, por su sonrisa amplia y arrugada, de las que me alegran el día aunque esté lloviendo.
- Los miércoles, porque hay niños por todas partes: en la calle, en el tranvía...
- La panadera, que repite todo lo que le pido con un peazo de acento de estesur. Reconocer este acento.
- Mi barrio, que parece más bien la ONU por la mezcla, las razas, colores, olores y sabores.
- El mercado, todo un gustazo para los sentidos.
- Los fines de semana en mi barrio, sobretodo si hace sol: la cantidad de gente que hay en la calle, tanta vida que consigue humorizarte hasta en la más profunda apatía. Las mesas llenas de gente tomando el aperitivo en los aledaños del mercado, las flores, los acordeones. El mercadillo del sábado y el rastro del domingo: porque los puestos se ordenan de forma completamente anárquica; porque te pierdes recorriéndolos y, si tienes suerte, habrá una maravillosa fracción de segundo en que perderás la noción del tiempo y el espacio y no sabrás en qué país estás, entre los “Salam” (y más cosas que no entiendo) y los “¡Niña, que vendo pantalones baratos!” (qué me estás contando). Porque te recuerda a ciudades en las que nunca estuviste.
- Los chicos de la tienda de al lado de casa, porque al pasar por el escaparate siempre tienen una sonrisa y una palabra amable.
- La torre de la iglesia, que me deja saber cuánto me queda para llegar a casa desde casi cualquier punto de la ciudad, cuando mi sentido de la orientación me falla (un día de cada día y medio).
- Ese otro barrio en que me hubiera encantado vivir, tan bohemio, con tanta exposición y tanto intello. Pero taaaan carísimo. Con esa iglesia gótica tan bonita. Y mi cine al lado (esto también sería un atentado contra mi bolsillo).
- Mi cine, construido en una antigua iglesia, precioso; las películas tan estupendas que echan. Su nombre.
- El río, que nunca aburre, porque es mar 45 minutos después y por eso la corriente cambia de dirección según cambien las mareas. Las vistas desde un lado y otro del río.
- El comedor universitario con su forma original, con sus intento-de-palmera-no-pegan-nada-aquí, que me recuerda a Chanquete (una es así de tonta, qué le vamos a hacer) y me trae un pseudo-trocito de playa todos los días.
- Los arbolitos del patio de la facultad, porque le dan algo de color.
- Todo el césped que nos rodea, que se llena de gente tumbada cuando llega esta época, y demuestra que echarse la siesta al sol de invierno-primavera no es de gente vaga. Es de gente humana.
- La FNAC, para pasar las tardes frías perdida dentro, y gastar demasiado dinero; e incluso comprar libros españoles más baratos que en España.
- Ver comer a esta peña, tan despacito y tan disfrutones.
- Los restaurantes, que tienen menús baratos incluso los sábados por la noche. Lo bien que se come en ellos.
- Las calles peatonales. El tranvía, este año que (por fin) funciona. Los jardines. Pasear.
- Los bares originales: el de los instrumentos, el de los árboles, el de los juegos. El del Lambrusco (diossssss qué rico).
- El sonido del idioma; entender el idioma.
- La sensación tan extraña que tuviste cuando volviste en Septiembre: con todo lo que te habías quejado, y te pareció casi como volver a casa.
- Los recuerdos, contradictorios, que quedarán de haber vivido dos años en un sitio que no enamora, ni mucho menos, a primera vista; al menos, no para vivir. Pero que va ganándote y dejando huella poco a poco: primero te obliga a hacerte hueco, a construir tú mismo los recuerdos. Después te hace disfrutar del proceso. Y ya ellos se construyen solos.

...Las palabras. Siempre las palabras. Los recuerdos. Siempre los recuerdos...

lunes, 19 de marzo de 2007

Rabia

Dicen que el 80% de nuestro cuerpo es agua. Agua que se va y que vuelve. Por ejemplo, la que lloramos. Pues bien: me has obligado a ponerme inflexible, muy a mi pesar. Así que te anuncio que, desde hoy, no pienso perder ni una gota de agua por llorarte, a ti ni a tu actitud. A estas alturas me temo que ni siquiera lloraré por lo que, durante tanto tiempo, fuimos. Ya solté demasiada agua por ti, y ésa no la voy a regenerar para volver a perderla. Óyeme bien: “ni las migajas”.

Así que mira, ¿qué quieres que te diga? Agotaste, día a día, mi paciencia, que, por otro lado, ya sabías que no era infinita. Aunque contigo fue bastante grande. Me cansé de tus gestos un día, de tu ausencia al día siguiente. Te lo dije una y mil veces. Y el que avisa no es traidor. Así que hoy no tengas –encima- el morro de quejarte de mis silencios, y quedarte parado por la sorpresa, con los ojos como platos: haberte acordado ayer. O mejor, acuérdate mañana, que seguro que te hace falta. Porque siempre te termina haciendo falta. Y siempre acabas viniendo cuando necesitas que te salve el culo de algo, como si yo sólo sirviera para sacarte de líos. No cuentes con mi ayuda. Lo siento. Si te la presto, sólo me servirá para sufrir más cuando vuelvas a olvidarte de quién fui.

Y, además, quiero recordarte que, cada vez que te alejaste, terminaste muriendo por volver. Y con frecuencia te las apañaste para recuperarme: pero siempre perdiste algo que habías tenido antes; yo me alejé pocas veces, pero cuando lo hice lo hice con argumentos y sentimientos. Y, cuando volví, siempre recuperé, sin pedirlo, algo más de lo que había tenido antes. Así que mide tus estrategias y reajusta tus cálculos. No sea que tu camino haya terminado. Ya sabes, conmigo puede que más alto, pero no más claro. ¿Qué quieres, que te diga “nunca jamás”? No lo diré, ni a ti ni a mí misma... Porque me enseñó mi mamá que ésa es la forma más rápida de repetirlo: y de este plato ya no me apetece ni bocado.

Ni te entiendo, ni lo pretendo. No debería dolerte que sepa sobrevivir sin ti, ni siquiera que lo haga –modestamente- de puta madre; porque yo, si algo sé, es sobrevivir. Sin ti o sin quien sea, eso ni lo mereces ni lo desmereces. Si abrieras bien los ojos y alcanzaras a intentar ver mis sentimientos, te darías cuenta de que tu problema no es que yo sobreviva sin ti: tu problema es que ya no quiero vivir contigo, que me quitaste las ganas. Que ni siquiera quiero que estés en mi vida. Que esta rabia es pasajera y es la última. Que mañana no habrá rabia ni dolor, sólo indiferencia.

Yo te dejé porque para mí ya “sólo” eras una muy buena opción –no el todo y el para siempre, como tú querías-, y me parecía injusto: para mí, porque no lo estaba viviendo a tope; pero también para ti, porque tú y tus sentimientos os merecíais mucho más. Ahora ya no eres una opción ni medianamente apetecible, porque te mereces mucho menos. Te hice mucho daño, de acuerdo. Lo has pasado muy mal. Pero nadie dijo que fuera fácil para mí. Yo seguí cuidándote, como siempre había hecho. Tú seguiste aprovechándote de que yo te cuidaba, como siempre habías hecho. Y ya me harté de ser el chivo expiatorio y de sentirme mal por alguien que ni siquiera me mira a los ojos cuando me pide un favor.

Así que hala... vaya usted con Dios –o con quien quiera- que esta puerta ya se cerró. Y mejor dejo de escribir, porque sino la rabia seguirá aumentando. Y no quiero ser mala, ni pensar en canciones que hablen de noches vacías, regresos solo y malherido, y arrepentimientos por haber arrojado tan lejos de tu cuerpo a alguien que, así no fuera como te hubiera gustado, te quería.

Pensándolo bien... ni siquiera voy a tomarme la molestia de anunciártelo.


***** “Al menos tú lo sabías, al menos no te decía que las cosas no eran como parecían. Aunque si no eres la persona que soñaba para... ¿Qué voy a hacer? Nada”

sábado, 17 de marzo de 2007

Presagio

Supongo que todo lo que ocurrió después debía estar latente en algún rincón de mí misma, porque esto lo escribí a principios de Agosto, apenas tres semanas antes de que todo se desbordara...

“Presiento. Pero, la cuestión es,
¿siento o no siento?
¿Siento o presiento?
Si ni siquiera sé si intuyo o si temo...
Aunque las preguntas me acucien, pero no terminen de asomar.
Ni la más remota idea. Ni certeza.
Dejémoslo en... desaliento.

A veces aparece un resquicio de gratitud en mis sienes. Escribo sin saber lo que escribo, ni lo que voy a escribir. Sin sospechar la palabra que seguirá a la anterior. Odio los días en que nada me motiva, ilusiona ni entusiasma.

África se muere... y nosotros no hacemos nada. Ésta es la única certeza que tengo. Y esta certeza me mata y vacía por dentro, por segundos.

Y ni siquiera sé si queda sombra para la esperanza.”


***** “Me da igual que el vaso esté medio lleno o medio vacío si no sacia tu sed”

jueves, 15 de marzo de 2007

Ese fatídico momento “i”

El fatídico momento "i" es ese instante en el que tú, por fin, logras concentrarte en tu trabajo, después de varios días intentándolo. Pero, de repente, te levantas y miras el correo para comprobar si te enviaron ese documento que te estaba haciendo falta. Estás tú muy feliz y orgullosa de lo mucho que te han cundido los últimos 45 minutos (vivan los refuerzos positivos). Cuando de pronto...

... Los astros y la tecnología se alían en tu contra, y en la pantalla del ordenador aparece que “i” acaba de conectarse. “i” es tu vicio inconfesable -inconfesable sólo para tu mitad racional- desde hace ya algún tiempo (demasiado). Y, como todo vicio que se precie, tiene el extraño poder de, digamos, monopolizar tu atención justo en el momento más inoportuno: en medio de un examen, cuando tienes que terminar un trabajo de aquí a mañana, y, en fin, ese tipo de preciosos instantes que llenan nuestra vida de estrés y angustia.

Y también es mala pata, teniendo en cuenta: que es la segunda vez que le ves conectado desde que le conoces; que la primera lo estaba porque había quedado contigo (aquella época peligrosa en que buscábamos juntos hoteles para conocer un mar distinto cada dos semanas); y que, hasta donde tú sabes –la última vez que se dignó a informarte de cómo iba su vida, allá por el Paleolítico inferior- andaba con pocas posibilidades de conexión internáutica. Y que, encima, pa cuando quisiste ponerte en “Conectado” (un segundo o dos después) e intentar hablar con él, ya no estaba.

Es decir, las posibilidades de que: a) el vicio mirara internet; b) el vicio mirara internet conectado al Messenger, y lo hiciera durante solamente 2 segundos; c) el vicio estuviera conectado a la vez que tú, que tampoco tienes tiempo como pa pasar el día enganchá; d) tú estuvieras justo delante de la pantalla en esos precisos 2 segundos, y no estuvieras haciendo otra cosa, y te percataras... Eran, ¿de cuánto? ¿1 entre trescientos billones? Por ahí, por ahí andará. Pero claro, el señor Murphy intervino aplicando sin piedad todo el peso de su ley: y aquí estás tú, cuatro horas después, intentando aún reconcentrarte en el trabajo –algo que era, de por sí, harto complicado- y recuperándote de semejante tontería (más propia de los 15 años, y ni siquiera) ... Eso es lo peor, que es una tontería. Manda carallo, y nunca mejor dicho... Pero en fin, ¿quién dijo cordura?

Te sirvió, al menos, para comerte sin remordimientos un sándwich de nutella (vicio sustitutivo de otros vicios por excelencia), y que, teléfono en mano (ah, las benditas llamadas gratis), tu querida amiga “Cuéntame-el-siguiente-capítulo-que-tu-vida-y-la-mía-son-paralelas” te consuele confirmándote que sí, que, tal como sospechábamos, alguien nos ha puesto un par de velas negras... Pero, al menos, aún te quedó humor para reírte escribiendo esto.

Conclusión: una bonita excusa para actualizar (se supone que hoy no me iba a dar tiempo) y para seguir postergando los deberes atrasados.
Moraleja: ¡¡Cuando estés concentrada NO TE LEVANTES de la silla bajo ningún concepto!! Que mira luego lo que pasa...

***** “Tengo una mala noticia: no fue de casualidad”

miércoles, 14 de marzo de 2007

Una de cal y otra de arena

Postergaremos los deberes atrasados para otro día porque la actualidad manda... Esta mañana no pude evitar la tentación, y, pese a ir muy pillada de tiempo, me puse tranquilamente a desayunar pan con aceite (el pan de Estepaís y el aceite del mío: orgásmico, claramente. Pa qué te digo que no, si sí).

Céntrese, niña, céntrese, que no pretendemos hablar de gastronomía: mientras me relamía, me puse a leer el periódico. Por ejemplo, el 14-M. No voy a opinar demasiado al respecto: mejor remitirme a este señor (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Reflexiones/coyuntura/politica/elpepuopi/20070314elpepiopi_6/Tes) cuyos comentarios me parecen, como de costumbre, lucidísimos y, en su mayoría, bastante acertados. Pensar en lo que ocurrió hace tres años, sinceramente, me arranca una sonrisa. Y no porque el Gobierno entrante me pareciera especialmente válido (a día de hoy sigue sin parecérmelo), sino porque cualquier alternativa era “bienvenible” (bonito palabro). Y, además, me bastó ver la cara de Urdaci anunciando los resultados para decidir que había merecido la pena regresar desde las chimbambas a presenciar semejante circo.

Pero en fin. Que ésa es otra historia, y vuelvo a irme por las ramas. De la portada de El País me llamaron la atención dos noticias: una de cal, y otra...

Cal: el arzobispo de Sevilla, afirmando, por una vez y sin que sirva de precedente, algo acorde a su cargo. A saber, que manifestarse en contra del diálogo no le parece cristiano. Ole ahí, Carlitos. Esta vez sí que le has echado un par de... En el programa del Quintero tenía que ser. Por fin algo de coherencia con el Evangelio que predicas. Me alegró especialmente leer esto porque es justamente la hipocresía y la desvirtuación de sus propios postulados lo que más me molesta de la Iglesia. Alors bien joué, Monsieur l’archevêque! ¡¡Por fin la Iglesia va a moderarse!!

...Ja, ja, ja. Ilusa de mí. Encontré la arena sin escarbar demasiado: el señor Ratzinger Z (me ahorro el adjetivo, que aún estamos en horario infantil), más conocido como Eucalipto XVI, “llama a los obispos a la lucha ideológica” y al “activismo para recuperar el protagonismo perdido en Europa”. Señor Eucalipto, mire usted (esta coletilla se la dedico como guiño pues seguro que le gusta): en Europa no sé, pero en España concretamente la Iglesia recuperaría cierto protagonismo si, por ejemplo, el Arzobispado de Granada –quiero recordarle que, gracias a su jerarquía vertical, usted es el responsable último- no se dedicara a pagar autobuses para ir a Madrid a manifestaciones contra los homosexuales, cuando nunca, hasta donde yo sé, pagó autobuses para manifestarse en contra de la pobreza, el hambre o el terrorismo. Ni siquiera contra la guerra: ahí ustedes estuvieron presentes, pero no le pagaron el transporte a nadie. O si una parte de sus misioneros no se dedicara a repartir falacias asesinas en África (los preservativos “contagian” SIDA), mientras la Cruz Roja repartiera, en cambio, condones (que son, precisamente, los que evitan el SIDA), para intentar contrarrestar los efectos de su sana evangelización.

Eso sólo por poner algunos ejemplos que se me vienen a la cabeza sin buscar demasiado (y sin querer enrollarme, que en vez de parecer un post va a parecer un ensayo), aunque seguro que otro día tenemos ocasión de volver a sacar este tema tan bonito. Mientras tanto, no sea tan hipócrita, haga usted el favor. Ponga un poco de orden en su propia casa antes de salir a dar lecciones morales a las ajenas. O, al menos, no predique una moralidad de la que usted está en contra (sigo sin encontrar un solo versículo en el que Jesucristo dijera que el amor al prójimo excluyera al prójimo del mismo sexo, por ejemplo).

Sea usted feliz, señor Eucalipto. Y, sobretodo, deje que los demás intentemos serlo.

martes, 13 de marzo de 2007

Gritándole al viento

Yo le grito al viento porque a él sí me atrevo a susurrarle algunas cosas. Al resto del mundo, no. Pero le grito escribiendo, porque sino los demás pueden oír el estruendo de mi voz. Y eso me da pánico.

Aunque ayer sonreí. Sonreí porque era primavera, y en ese momento decidí que quizá habría que intentar prolongar esta estación y reír un poco más: y a lo mejor para que de verdad marchara el invierno habría que empezar desatascando todo lo que siento...

Dicen que estos cacharros modernos de escribir por Internet son una estupenda terapia de uno consigo mismo... A lo mejor tendría que probar y hacer uno, superando mi miedo a leer lo que escribo y a que lo lean otros. Supongo que me da miedo porque, cuando las cosas quedan dichas, parece que se hacen más reales. Y eso obligaría a la mitad de mí misma a reconocer cosas que la otra mitad odia.

Hay más razones por las que me da miedo: hasta ahora, sólo le había enseñado minúsculas partes de lo que escribo a cuatro personas. Esperando, sin querer, que valoraran no tanto lo que decía o cómo lo decía (pa gustos los colores, y nunca fue mi objetivo), sino el esfuerzo que me suponía mostrarlo. Por orden cronológico, pongamos que a la primera y la tercera de estas personas, por decirlo diplomáticamente, les trajeron al pairo mis manifestaciones interiores. La cuarta, en cambio, se entusiasmó (“devoro tus mails”, decía) y me animaba a seguir, incluso a mostrar... (¿intuía mi futuro o lo estaba predeterminando?). Pero no sirvió absolutamente para nada. Aparte de para frustrarme y encabezonarme en un sentimiento que seguro que no es, ni de lejos, tan grande como lo pinto.

Lo cierto es que, de las cuatro, la segunda persona es la única que sigue ahí.

Porque siempre callé bastante más de lo que hablé (por difícil que parezca), pero no por elección sino porque no soy capaz (reconozcámoslo), y eso es un secreto que hasta hace poco nadie sabía (la interpretación se me daría de perlas si me lo propusiera). Pero últimamente soy menos capaz aún, y callo mucho más de lo que hablo. Y a lo mejor esto es lo que está desbordándome. Y puede que necesite soltarlo todo para ir quitando lastres de mi vida: así que, como no se lo puedo decir a quien debiera oírlo, mejor gritárselo al viento. No grito todos los días, ni mucho menos. Generalmente me dejo llevar plácidamente. Pero de vez en cuando viene un Levante (o un Poniente, según de donde lo mires) tremendo y me recuerda que no todo está tan tranquilo como quiero que parezca. Así que primero voy a gritar todo lo que tenía atrasado, y después veremos si van saliendo susurros o estruendos... Y serán menos monotemáticos, prometido.

Y, además, como después de mostrar lo que escribo, sea a quien sea, me siento idiota y vulnerable... A ver si así me venzo.


pd: siempre me gustaron los martes y trece...