Coge un tomate, preferentemente muy maduro. Míralo un ratito. Si los insecticidas han dejado algo, disfruta de su olor. ((Lávalo, so pena de dejarte el estómago))
Ahora muérdelo como morderías una manzana. Siente cómo tus dientes rasgan su piel. Mastica despacio, dejando que tus papilas gustativas se recreen en saborearlo. Cuando hayas tragado ese primer bocado, elige la parte carnosa y acuosa del centro, pon tus labios sobre la parte externa y, con los dientes y la lengua sobre la carne, absorbe el jugo. Chupetealo.
Luego sigue repitiendo la operación muy despacio: mordisco por la parte externa, absorción, chuperreteo y disfrute de la parte interna. Y, siempre siempre, disfrutando del olor, del sonido de tus movimientos y, sobre todo sobre todo, de su sabor.
Sólo hay otro ejercicio en el que el uso de los labios y la lengua se me antoje más placentero (y aun así depende del caso, jeje)... Pero ése no creo que haga falta explicarlo aquí.
¿Alguien se atreve a llevarme la contraria?
Ahora muérdelo como morderías una manzana. Siente cómo tus dientes rasgan su piel. Mastica despacio, dejando que tus papilas gustativas se recreen en saborearlo. Cuando hayas tragado ese primer bocado, elige la parte carnosa y acuosa del centro, pon tus labios sobre la parte externa y, con los dientes y la lengua sobre la carne, absorbe el jugo. Chupetealo.
Luego sigue repitiendo la operación muy despacio: mordisco por la parte externa, absorción, chuperreteo y disfrute de la parte interna. Y, siempre siempre, disfrutando del olor, del sonido de tus movimientos y, sobre todo sobre todo, de su sabor.
Sólo hay otro ejercicio en el que el uso de los labios y la lengua se me antoje más placentero (y aun así depende del caso, jeje)... Pero ése no creo que haga falta explicarlo aquí.
¿Alguien se atreve a llevarme la contraria?