martes, 2 de septiembre de 2008

Me siento...

... Como una escollera sin marea...

... Como un horizonte sin gaviotas suspendías...

Porque tu silencio me mata. Lento y de a poco, pero mata el castillo de ilusiones que tanto trabajo nos costó construir. Como si de repente yo ya no formara parte de tu vida, en uno u otro sentido. Como si ya te hubieras olvidado de mi fuerte fragilidad. Como si el silencio no sólo fuera externo -me temo que no lo es, no demuestras que lo sea-, y el peor fuera el de dentro. Y ya ni siquiera me puedo fiar del willing but unable (to give me anymore).

Yo nunca serví para el silencio. Ya desde chica apuntaba maneras. Y ahora, mi silencio no es sino efímero. Es sólo apariencia y concha, una protección -bastante ineficaz, por cierto- contra tu propio silencio, contra lo que él significa o lo que yo imagino (a ver qué remedio). El mío es sólo apariencia y concha... Y el tuyo no es más que olvido.

Y siempre me parecieron vacíos, los horizontes sin gaviotas.

Y no puedo evitarlo, seguir pidiéndole a la Luna que alumbre tu vida. La mía hace ya tiempo que... Aunque siga chocándome con tu silencio, con tu roca que, en el fondo, siempre fue más dura que la mía... Y, sin embargo (ya mi único consuelo son los sin embargos), más blanda también.




***** "Mientras rebusco en tu basura van creciendo los enanos de este circo que un día montamos"

2 comentarios:

DaNieLo dijo...

No sé qué puedo decirte. Ya sabes que a mí los silencios es algo que también me escuece mucho, pero me temo que es otra de esas cosas a las que hay que acostumbrarse, nos guste o no.

Bacioni

¿CAMBIÓ LA MAREA? dijo...

Ya... La paciencia es la madre de todas las ciencias, dicen. Pero es lentísisimaaa de reconquistar...