Ayer fue el primer día, después de más o menos 400 (a ojo de buen cubero) de silencio absoluto, por parte y parte. Hoy ya no. Hoy ya no pude ser. Uno de cuatrocientos. Qué raro es todo esto.
Y yo sigo peleando entre lo que soy y lo que no soy, lo que quiero ser y lo que no sé si quiero ser. Intentando encontrar el equilibrio entre el demasiado y el demasiado poco. Intentando encontrarme a mí misma de nuevo, o a lo que quede de mí después de las debacles.
La historia se repite, eso está claro. Pero además es tan hijaputa que hasta los detalles sin aparente importancia escuecen. Y Septiembre siempre será Septiembre. Desde finales de Agosto, Septiembre siempre es el mes de las emociones con mayúsculas, de las sorpresas y las consecuencias. Sólo que este año pinta al contrario de los dos anteriores. Sólo que este Septiembre ya no parece el mes del riesgo y la valentía, como ocurrió todos los anteriores.
Y aunque yo no sea muy de fechas, tengo muy buena memoria para las fechas. Y esto me recuerda a todo lo demás. Porque las heridas cada vez llegan más profundo, cada vez dejan más marca. Y cuando una herida nueva se abre, todas las cicatrices anteriores sangran al mismo tiempo. Y lucho por seguir distinguiendo entre el quién y el qué, pero algo de ese qué debe permanecer ahí cuando de repente todos los quién anteriores duelen tanto, porque no fueron ni qué ni quién. Y porque, en honor a la verdad, yo tengo claro el quién por encima del qué... Pero ya no sé quién, y el qué y el cómo duelen demasiado.
Y aunque yo no sea muy de fechas, tengo muy buena memoria para las fechas. Y esto me recuerda a todo lo demás. Me recuerda a otros Septiembres. A escarabajos, orugas y focas remolonas. A visitas a otros mares, a vehículos adquiridos y a El Viaje. A Muy Muy Lejano. A áreas de descanso, a desayunos en un lago, a súperhéroes, a Alatriste y sesiones de cine hasta el amanecer. A bañeras con demasiada espuma. A muertes lentas y a muertes rápidas. A mundiales de baloncesto. A tonadilleras y alcaldes corruptos. A emes de Móstoles ("el punto vale, las pelotas habrá que medirlas"), a botellas de vino, a arreglar el mundo, a boquerones enlatados, a camisetas de Pipi Calzaslargas. a varios orgasmos diarios. A Benedetti, a muchos Benedettis. A aeropuertos, a muchos aeropuertos. A trenes y a carreteras, a muchas carreteras. Al sandwich que fue mucho más que un principio. A puntos verdes y un punto rojo, enorme y lloroso. A concursos de nudos y concursos de orgasm... A piratas y escalofríos.
Y yo sigo peleando entre lo que soy y lo que no soy, lo que quiero ser y lo que no sé si quiero ser. Intentando encontrar el equilibrio entre el demasiado y el demasiado poco. Intentando encontrarme a mí misma de nuevo, o a lo que quede de mí después de las debacles.
La historia se repite, eso está claro. Pero además es tan hijaputa que hasta los detalles sin aparente importancia escuecen. Y Septiembre siempre será Septiembre. Desde finales de Agosto, Septiembre siempre es el mes de las emociones con mayúsculas, de las sorpresas y las consecuencias. Sólo que este año pinta al contrario de los dos anteriores. Sólo que este Septiembre ya no parece el mes del riesgo y la valentía, como ocurrió todos los anteriores.
Y aunque yo no sea muy de fechas, tengo muy buena memoria para las fechas. Y esto me recuerda a todo lo demás. Porque las heridas cada vez llegan más profundo, cada vez dejan más marca. Y cuando una herida nueva se abre, todas las cicatrices anteriores sangran al mismo tiempo. Y lucho por seguir distinguiendo entre el quién y el qué, pero algo de ese qué debe permanecer ahí cuando de repente todos los quién anteriores duelen tanto, porque no fueron ni qué ni quién. Y porque, en honor a la verdad, yo tengo claro el quién por encima del qué... Pero ya no sé quién, y el qué y el cómo duelen demasiado.
Y aunque yo no sea muy de fechas, tengo muy buena memoria para las fechas. Y esto me recuerda a todo lo demás. Me recuerda a otros Septiembres. A escarabajos, orugas y focas remolonas. A visitas a otros mares, a vehículos adquiridos y a El Viaje. A Muy Muy Lejano. A áreas de descanso, a desayunos en un lago, a súperhéroes, a Alatriste y sesiones de cine hasta el amanecer. A bañeras con demasiada espuma. A muertes lentas y a muertes rápidas. A mundiales de baloncesto. A tonadilleras y alcaldes corruptos. A emes de Móstoles ("el punto vale, las pelotas habrá que medirlas"), a botellas de vino, a arreglar el mundo, a boquerones enlatados, a camisetas de Pipi Calzaslargas. a varios orgasmos diarios. A Benedetti, a muchos Benedettis. A aeropuertos, a muchos aeropuertos. A trenes y a carreteras, a muchas carreteras. Al sandwich que fue mucho más que un principio. A puntos verdes y un punto rojo, enorme y lloroso. A concursos de nudos y concursos de orgasm... A piratas y escalofríos.
A todo eso me recuerda Septiembre. Y todo eso duele. Y duele mucho tener tan buena memoria.
Ojalá no recordara. Y ojalá bastara con un "If it's not what you're made of, you're not what I'm looking for. You were willing but unable to give me anymore".
Pero es muy difícil recordar que las frases sobre ferias y luces siguen ahí, llevándose la palma de la razón. Y es muy muy difícil dejar de esperar algo más...
***** "No matter what I sacrifice, it's still never enough"
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