Hoy va de misterios de la naturaleza la cosa. A ver si encontramos algún tipo de respuesta (plural mayestático, teniendo en cuenta el elevadísimo número de lectores que se pasean por aquí). A ser posible que no tenga nada que ver con Murphy, que está ya un poco revenío de tan presente.
Pues, como dirían por ahí, “en resulta” que voy, muy ufana yo, y, tras las conversaciones surrealistas del otro día, me meto en un portal de tercer sector (atención a lo súper experto que me ha quedado) para seguir en mi búsqueda exhaustiva de voluntariados / campos de trabajo / prácticas / trabajo-de-lo-mío-sigue-soñando-bonita / algo-interesante-que-hacer-pa-no-tener-mi-pandero-quieto-cuatro-meses-que-yo-no-sirvo-pa-eso-hombreyá. Y hombre, cuando no se tiene claro para donde tirar, nada mejor que optar por “Buscar TODAS las oportunidades”. Así que me chupo, una a una, 81 páginas, no vaya a ser que se haga la luz, aparezca la oportunidad de mi vida en una de ellas y yo me la pierda. Total, pienso yo, es relativamente fácil teniendo en cuenta que al lado aparece una columna donde pone la localización de la actividad en sí (ciudad concreta, ámbito internacional...), por lo que, gracias a un descarte geográfico, la selección será rápida.
Y aquí es donde, oh campos de soledad mustios collados, aparece el famoso Misterio. Intentaré expresar esta idea por escrito. Podemos pensar que, ante una pregunta medianamente facilita, cualquier persona medianamente razonable me dará una respuesta lógica y, consecuentemente, acertará, ¿a qué sí? ¡¡Pues no!! Si yo pregunto, un poner, cuáles son las ciudades que más aparecen en la susodicha lista del susodicho buscador, parecería lógico que siguieran un orden más o menos relativo a su tamaño. En cuyo caso, no debería tener ningún problema para encontrar nada teniendo en cuenta que Miciudad no es precisamente el sitio menos poblado de Este Nuestro País.
Pues no. El culmen de las ofertas aparece, como es lógico, en Madrid y Barcelona. ¿Y después? En la mía sale, básicamente, una c---. Y en las de alrededor, ídem. En otras ciudades grandes salen, cierto es, bastantes cosas. Pero la que se cuela en la lista, además de sobrada por la vida y en un, así a ojo, aplastante tercer puesto... Es TU ciudad. No podía ser una en la que me conviniera ofrecer mis servicios, ni una en la que me fuera indiferente, no. Tenía que ser la tuya. ¿Alguien me puede explicar qué lógica tiene esto? Porque yo lo desconozco. NO lo entiendo porque, según La Catedral del Saber (oh oh templo sacro, salvavidas estudiantil, te adoramos), ocupáis un modesto decimoctavo puesto. 18, pa' que nos entendamos. Así que no tendríais que estar tan presentes. Por eso digo que es uno de los Grandes Misterios de la Naturaleza. Creo que lo hacéis sólo por j---- (¿Por qué? ¿Por qué me persigues de esta manera, demasiado constante para ser ignorada pero demasiado sutil para ser agradecida? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?). O a ver si es que sois la panacea del tercer sector y yo no me había enterado... No, va a ser que no. Va a ser que es mi amigo Murphy demostrándome, una vez más, lo mucho que me quiere.
En fin... Que menos mal que sigo prefiriendo reírme de todo este follón (vuelvo a remitirme al “No importa el problema, no importa la solución, me quedo con lo poco que queda entero en el corazón. Me gustan los problemas, no existe otra explicación”). Y menos mal que, aunque yo no consiga verlos ni en un jardín público, existen animales graciosos y pacientes en el mundo, y sms que lo atestiguan, recordándome que, con paciencia y un buen caparazón, todo en la vida es posible.

Pues, como dirían por ahí, “en resulta” que voy, muy ufana yo, y, tras las conversaciones surrealistas del otro día, me meto en un portal de tercer sector (atención a lo súper experto que me ha quedado) para seguir en mi búsqueda exhaustiva de voluntariados / campos de trabajo / prácticas / trabajo-de-lo-mío-sigue-soñando-bonita / algo-interesante-que-hacer-pa-no-tener-mi-pandero-quieto-cuatro-meses-que-yo-no-sirvo-pa-eso-hombreyá. Y hombre, cuando no se tiene claro para donde tirar, nada mejor que optar por “Buscar TODAS las oportunidades”. Así que me chupo, una a una, 81 páginas, no vaya a ser que se haga la luz, aparezca la oportunidad de mi vida en una de ellas y yo me la pierda. Total, pienso yo, es relativamente fácil teniendo en cuenta que al lado aparece una columna donde pone la localización de la actividad en sí (ciudad concreta, ámbito internacional...), por lo que, gracias a un descarte geográfico, la selección será rápida.
Y aquí es donde, oh campos de soledad mustios collados, aparece el famoso Misterio. Intentaré expresar esta idea por escrito. Podemos pensar que, ante una pregunta medianamente facilita, cualquier persona medianamente razonable me dará una respuesta lógica y, consecuentemente, acertará, ¿a qué sí? ¡¡Pues no!! Si yo pregunto, un poner, cuáles son las ciudades que más aparecen en la susodicha lista del susodicho buscador, parecería lógico que siguieran un orden más o menos relativo a su tamaño. En cuyo caso, no debería tener ningún problema para encontrar nada teniendo en cuenta que Miciudad no es precisamente el sitio menos poblado de Este Nuestro País.
Pues no. El culmen de las ofertas aparece, como es lógico, en Madrid y Barcelona. ¿Y después? En la mía sale, básicamente, una c---. Y en las de alrededor, ídem. En otras ciudades grandes salen, cierto es, bastantes cosas. Pero la que se cuela en la lista, además de sobrada por la vida y en un, así a ojo, aplastante tercer puesto... Es TU ciudad. No podía ser una en la que me conviniera ofrecer mis servicios, ni una en la que me fuera indiferente, no. Tenía que ser la tuya. ¿Alguien me puede explicar qué lógica tiene esto? Porque yo lo desconozco. NO lo entiendo porque, según La Catedral del Saber (oh oh templo sacro, salvavidas estudiantil, te adoramos), ocupáis un modesto decimoctavo puesto. 18, pa' que nos entendamos. Así que no tendríais que estar tan presentes. Por eso digo que es uno de los Grandes Misterios de la Naturaleza. Creo que lo hacéis sólo por j---- (¿Por qué? ¿Por qué me persigues de esta manera, demasiado constante para ser ignorada pero demasiado sutil para ser agradecida? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?). O a ver si es que sois la panacea del tercer sector y yo no me había enterado... No, va a ser que no. Va a ser que es mi amigo Murphy demostrándome, una vez más, lo mucho que me quiere.
En fin... Que menos mal que sigo prefiriendo reírme de todo este follón (vuelvo a remitirme al “No importa el problema, no importa la solución, me quedo con lo poco que queda entero en el corazón. Me gustan los problemas, no existe otra explicación”). Y menos mal que, aunque yo no consiga verlos ni en un jardín público, existen animales graciosos y pacientes en el mundo, y sms que lo atestiguan, recordándome que, con paciencia y un buen caparazón, todo en la vida es posible.

pd: y si, además de estas preguntas, alguien se aburre y quiere psicoanalizar mi narrativa (¡toma ya!) para estudiar con exhaustividad porqué sigo escribiendo en 2ª persona, escribiéndote, diciendo TU ciudad en vez de, por ejemplo, SU, como hace casi todo el mundo por estos lares... Pues se admiten apuestas.
2 comentarios:
Es el problema que tienen los merodeadores del pensamiento: están por ahí medio escondidos, pero cualquier detalle es bueno para que salgan y te amarguen el día.
El caracol regenera sus tejidos dañados con la baba que segrega.
Be baba de caracol, my friend!
Ah sí sí, entonces me acerco de forma modestamente positiva a la baba... No sé si se me entendió, pero no me amargó el día. Me lo enturbió y despistó, pero conseguí reírme. Yupiiiii.
No sabía yo tanto de tejidos y regeneraciones. Como no puedo cambiar la chaqueta cetácea por una caracolera porque a estas alturas de la vida, después de tantos años, quedaría feo... Me limitaré a coger ideas!!
Publicar un comentario