El fatídico momento "i" es ese instante en el que tú, por fin, logras concentrarte en tu trabajo, después de varios días intentándolo. Pero, de repente, te levantas y miras el correo para comprobar si te enviaron ese documento que te estaba haciendo falta. Estás tú muy feliz y orgullosa de lo mucho que te han cundido los últimos 45 minutos (vivan los refuerzos positivos). Cuando de pronto...
... Los astros y la tecnología se alían en tu contra, y en la pantalla del ordenador aparece que “i” acaba de conectarse. “i” es tu vicio inconfesable -inconfesable sólo para tu mitad racional- desde hace ya algún tiempo (demasiado). Y, como todo vicio que se precie, tiene el extraño poder de, digamos, monopolizar tu atención justo en el momento más inoportuno: en medio de un examen, cuando tienes que terminar un trabajo de aquí a mañana, y, en fin, ese tipo de preciosos instantes que llenan nuestra vida de estrés y angustia.
Y también es mala pata, teniendo en cuenta: que es la segunda vez que le ves conectado desde que le conoces; que la primera lo estaba porque había quedado contigo (aquella época peligrosa en que buscábamos juntos hoteles para conocer un mar distinto cada dos semanas); y que, hasta donde tú sabes –la última vez que se dignó a informarte de cómo iba su vida, allá por el Paleolítico inferior- andaba con pocas posibilidades de conexión internáutica. Y que, encima, pa cuando quisiste ponerte en “Conectado” (un segundo o dos después) e intentar hablar con él, ya no estaba.
Es decir, las posibilidades de que: a) el vicio mirara internet; b) el vicio mirara internet conectado al Messenger, y lo hiciera durante solamente 2 segundos; c) el vicio estuviera conectado a la vez que tú, que tampoco tienes tiempo como pa pasar el día enganchá; d) tú estuvieras justo delante de la pantalla en esos precisos 2 segundos, y no estuvieras haciendo otra cosa, y te percataras... Eran, ¿de cuánto? ¿1 entre trescientos billones? Por ahí, por ahí andará. Pero claro, el señor Murphy intervino aplicando sin piedad todo el peso de su ley: y aquí estás tú, cuatro horas después, intentando aún reconcentrarte en el trabajo –algo que era, de por sí, harto complicado- y recuperándote de semejante tontería (más propia de los 15 años, y ni siquiera) ... Eso es lo peor, que es una tontería. Manda carallo, y nunca mejor dicho... Pero en fin, ¿quién dijo cordura?
Te sirvió, al menos, para comerte sin remordimientos un sándwich de nutella (vicio sustitutivo de otros vicios por excelencia), y que, teléfono en mano (ah, las benditas llamadas gratis), tu querida amiga “Cuéntame-el-siguiente-capítulo-que-tu-vida-y-la-mía-son-paralelas” te consuele confirmándote que sí, que, tal como sospechábamos, alguien nos ha puesto un par de velas negras... Pero, al menos, aún te quedó humor para reírte escribiendo esto.
Conclusión: una bonita excusa para actualizar (se supone que hoy no me iba a dar tiempo) y para seguir postergando los deberes atrasados.
Moraleja: ¡¡Cuando estés concentrada NO TE LEVANTES de la silla bajo ningún concepto!! Que mira luego lo que pasa...
... Los astros y la tecnología se alían en tu contra, y en la pantalla del ordenador aparece que “i” acaba de conectarse. “i” es tu vicio inconfesable -inconfesable sólo para tu mitad racional- desde hace ya algún tiempo (demasiado). Y, como todo vicio que se precie, tiene el extraño poder de, digamos, monopolizar tu atención justo en el momento más inoportuno: en medio de un examen, cuando tienes que terminar un trabajo de aquí a mañana, y, en fin, ese tipo de preciosos instantes que llenan nuestra vida de estrés y angustia.
Y también es mala pata, teniendo en cuenta: que es la segunda vez que le ves conectado desde que le conoces; que la primera lo estaba porque había quedado contigo (aquella época peligrosa en que buscábamos juntos hoteles para conocer un mar distinto cada dos semanas); y que, hasta donde tú sabes –la última vez que se dignó a informarte de cómo iba su vida, allá por el Paleolítico inferior- andaba con pocas posibilidades de conexión internáutica. Y que, encima, pa cuando quisiste ponerte en “Conectado” (un segundo o dos después) e intentar hablar con él, ya no estaba.
Es decir, las posibilidades de que: a) el vicio mirara internet; b) el vicio mirara internet conectado al Messenger, y lo hiciera durante solamente 2 segundos; c) el vicio estuviera conectado a la vez que tú, que tampoco tienes tiempo como pa pasar el día enganchá; d) tú estuvieras justo delante de la pantalla en esos precisos 2 segundos, y no estuvieras haciendo otra cosa, y te percataras... Eran, ¿de cuánto? ¿1 entre trescientos billones? Por ahí, por ahí andará. Pero claro, el señor Murphy intervino aplicando sin piedad todo el peso de su ley: y aquí estás tú, cuatro horas después, intentando aún reconcentrarte en el trabajo –algo que era, de por sí, harto complicado- y recuperándote de semejante tontería (más propia de los 15 años, y ni siquiera) ... Eso es lo peor, que es una tontería. Manda carallo, y nunca mejor dicho... Pero en fin, ¿quién dijo cordura?
Te sirvió, al menos, para comerte sin remordimientos un sándwich de nutella (vicio sustitutivo de otros vicios por excelencia), y que, teléfono en mano (ah, las benditas llamadas gratis), tu querida amiga “Cuéntame-el-siguiente-capítulo-que-tu-vida-y-la-mía-son-paralelas” te consuele confirmándote que sí, que, tal como sospechábamos, alguien nos ha puesto un par de velas negras... Pero, al menos, aún te quedó humor para reírte escribiendo esto.
Conclusión: una bonita excusa para actualizar (se supone que hoy no me iba a dar tiempo) y para seguir postergando los deberes atrasados.
Moraleja: ¡¡Cuando estés concentrada NO TE LEVANTES de la silla bajo ningún concepto!! Que mira luego lo que pasa...
***** “Tengo una mala noticia: no fue de casualidad”
1 comentario:
Hay que ver...Todo lo que cuesta concentrarse, para que una sola persona y en un solo instante te lo joda todo. Si es que los humanos somos de lo más curioso.
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