jueves, 15 de marzo de 2007

Ese fatídico momento “i”

El fatídico momento "i" es ese instante en el que tú, por fin, logras concentrarte en tu trabajo, después de varios días intentándolo. Pero, de repente, te levantas y miras el correo para comprobar si te enviaron ese documento que te estaba haciendo falta. Estás tú muy feliz y orgullosa de lo mucho que te han cundido los últimos 45 minutos (vivan los refuerzos positivos). Cuando de pronto...

... Los astros y la tecnología se alían en tu contra, y en la pantalla del ordenador aparece que “i” acaba de conectarse. “i” es tu vicio inconfesable -inconfesable sólo para tu mitad racional- desde hace ya algún tiempo (demasiado). Y, como todo vicio que se precie, tiene el extraño poder de, digamos, monopolizar tu atención justo en el momento más inoportuno: en medio de un examen, cuando tienes que terminar un trabajo de aquí a mañana, y, en fin, ese tipo de preciosos instantes que llenan nuestra vida de estrés y angustia.

Y también es mala pata, teniendo en cuenta: que es la segunda vez que le ves conectado desde que le conoces; que la primera lo estaba porque había quedado contigo (aquella época peligrosa en que buscábamos juntos hoteles para conocer un mar distinto cada dos semanas); y que, hasta donde tú sabes –la última vez que se dignó a informarte de cómo iba su vida, allá por el Paleolítico inferior- andaba con pocas posibilidades de conexión internáutica. Y que, encima, pa cuando quisiste ponerte en “Conectado” (un segundo o dos después) e intentar hablar con él, ya no estaba.

Es decir, las posibilidades de que: a) el vicio mirara internet; b) el vicio mirara internet conectado al Messenger, y lo hiciera durante solamente 2 segundos; c) el vicio estuviera conectado a la vez que tú, que tampoco tienes tiempo como pa pasar el día enganchá; d) tú estuvieras justo delante de la pantalla en esos precisos 2 segundos, y no estuvieras haciendo otra cosa, y te percataras... Eran, ¿de cuánto? ¿1 entre trescientos billones? Por ahí, por ahí andará. Pero claro, el señor Murphy intervino aplicando sin piedad todo el peso de su ley: y aquí estás tú, cuatro horas después, intentando aún reconcentrarte en el trabajo –algo que era, de por sí, harto complicado- y recuperándote de semejante tontería (más propia de los 15 años, y ni siquiera) ... Eso es lo peor, que es una tontería. Manda carallo, y nunca mejor dicho... Pero en fin, ¿quién dijo cordura?

Te sirvió, al menos, para comerte sin remordimientos un sándwich de nutella (vicio sustitutivo de otros vicios por excelencia), y que, teléfono en mano (ah, las benditas llamadas gratis), tu querida amiga “Cuéntame-el-siguiente-capítulo-que-tu-vida-y-la-mía-son-paralelas” te consuele confirmándote que sí, que, tal como sospechábamos, alguien nos ha puesto un par de velas negras... Pero, al menos, aún te quedó humor para reírte escribiendo esto.

Conclusión: una bonita excusa para actualizar (se supone que hoy no me iba a dar tiempo) y para seguir postergando los deberes atrasados.
Moraleja: ¡¡Cuando estés concentrada NO TE LEVANTES de la silla bajo ningún concepto!! Que mira luego lo que pasa...

***** “Tengo una mala noticia: no fue de casualidad”

1 comentario:

DaNieLo dijo...

Hay que ver...Todo lo que cuesta concentrarse, para que una sola persona y en un solo instante te lo joda todo. Si es que los humanos somos de lo más curioso.