jueves, 22 de marzo de 2007

Cien días

Vulnerabilidad, volumen 2: un poco más de exhibicionismo emocional soltemos-la-mierda. Otro momento de debilidad, a principios de Enero... Yo es que de día estoy bien (suelo), pero de noche... Las fases REM me sientan fatal y la Navidad, pa algunas cosas, también.

¿Pero qué narices pasa? Yo lo que no entiendo es porqué, a estas alturas, más de cien días después, sigo así (“encerrada en aquel bar, pidiendo fuego o alguna pista que la ayudara a encontrar la luz dentro de laberinto, el mapa donde está escondido, el mar donde arden las promesas en que solías naufragar”). Cien días después (“escondiéndose del gris cielo de Marzo –Septiembre- y sus atascos, tragando niebla por la nariz, soñando contigo en los lavabos, jurando no salir con vida, sellando todas las salidas, buscando en un mar de ginebra una playa en la que encallar”), hoy sigo, y vuelvo, hoy un poco más, a echarte de menos, a tenerte siempre presente, de una u otra forma, en cada segundo, en cada esquina.

Y aquí estoy yo ahora, lamentando no tenerte, lamentando (quizá esto sobretodo) que me hayas dicho, tú, que no; lamentando no saberte perdido y entregado; lamentando no haber oído lo que te quedó por decir, no haber leído el mail que te quedó por enviar, haber creído las promesas de que sí lo harías. No entiendo porqué me pasa esto. O en realidad sí lo entiendo: es la Teoría del Camping.

Porque no... Pero aun así... Aun así lo echo de menos, aun así te echo de menos; y echo de menos la intensidad, y echo de menos la energía, echo de menos las miradas, que salten chispas, el fuego, que arda el mundo (Roma y Santiago)... Y echo de menos las conversaciones, y tu modalidad de indirecta-cañonazo... Eras totalmente inestable y totalmente imperfecto, y aun encima merecía la pena. Y volvería a repetirlo. Tú y tu imperfección.

Y ni siquiera lo sabes (creo). Ni pega que lo sepas. Ni mereces saberlo, aunque creo que yo sí merezco decírtelo y desahogarme.

Joder, i., joder. Por un lado afirmo que mereció la pena, y por otro... Por otro grito (a ti no, que no me escuchas; más bien al viento), igualmente y con la misma vehemencia, que “ojalá no te hubiera conocido nunca”. Joder, i., joder.

***** “El caso es que no conseguimos aislarnos del resto de este mundo donde los humanos cambian sus sueños por aire. Pero cuando quieras escaparte del cristal de tu escaparate...”

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