A veces me paro a pensar (últimamente bastante: sí, te he hecho caso, y no me he ido a la playa con el Sandevid pero sí al parque con la libreta), y la única conclusión que saco es que me fascina el cerebro humano, o el alma, o el corazón, o lo que quiera que sea.
A veces me paro a pensar, y me parece tan surrealista como mágico que, pese a que nunca estuviste demasiado presente en mi día a día, haya momentos en los que invariablemente vuelves a mí. Me sigue resultando increíble recordar con tanta claridad cómo me sentabas en tus rodillas y me ibas untando pan (poco) con mantequilla (mucha), cómo a mí se me hacía la boca agua y a ti se te estiraba la sonrisa hasta cada una de tus enorme orejas. El ritual mágico que convertía los viernes por la noche en uno de los mejores momentos de la semana, y, desde luego, el único en el que comía con ganas y velocidad (por extraño que pueda parecer ahora). Me lo debiste escribir en la piel, porque no hay una sola vez que yo vea mantequilla y no me acuerde de ti. Ni una sola vez que no me siga sorprendiendo tener esa asociación mental tan metidita ahí dentro, desde hace aproximadamente unos 22 años.
Tan sencillo y tan especial como el pan con mantequilla... Hoy también es viernes por la noche, pero hace demasiado tiempo que todo cambió. Todo menos el pan con mantequilla, la única tentación a la que ni intento resistirme, pese a tener comprobadísimo que, al día siguiente, el botón de mis vaqueros me hará sufrir en una cantidad directamente proporcional a las dimensiones del atracón. Porque hace, hoy, exactamente 4 años que dejé de intentar resistirme, y ahora me la como en tu honor. En honor de lo mucho que te recuerdo cuando veo la mantequilla, y de que, en el fondo, me alegro de que te fueras en ese momento, porque quizá si hubieras tardado unos años más, habríamos tenido ocasión de chocar mucho, en ciertos aspectos inocuos y en otros no tan inocentes; o quizá habría terminado teniendo que darme por enterada de cosas que nunca quise saber...
Hoy es viernes por la noche. Y, además, hace exactamente 4 años que me propuse no resistirme ni una vez más a la mantequilla. Así que me voy a la cocina a buscarla antes de que ella me encuentre a mí. Y pienso darme un atracón, que es mi manera de decirte que los viernes por la noche te echo mucho de menos, abuelo.
A veces me paro a pensar, y me parece tan surrealista como mágico que, pese a que nunca estuviste demasiado presente en mi día a día, haya momentos en los que invariablemente vuelves a mí. Me sigue resultando increíble recordar con tanta claridad cómo me sentabas en tus rodillas y me ibas untando pan (poco) con mantequilla (mucha), cómo a mí se me hacía la boca agua y a ti se te estiraba la sonrisa hasta cada una de tus enorme orejas. El ritual mágico que convertía los viernes por la noche en uno de los mejores momentos de la semana, y, desde luego, el único en el que comía con ganas y velocidad (por extraño que pueda parecer ahora). Me lo debiste escribir en la piel, porque no hay una sola vez que yo vea mantequilla y no me acuerde de ti. Ni una sola vez que no me siga sorprendiendo tener esa asociación mental tan metidita ahí dentro, desde hace aproximadamente unos 22 años.
Tan sencillo y tan especial como el pan con mantequilla... Hoy también es viernes por la noche, pero hace demasiado tiempo que todo cambió. Todo menos el pan con mantequilla, la única tentación a la que ni intento resistirme, pese a tener comprobadísimo que, al día siguiente, el botón de mis vaqueros me hará sufrir en una cantidad directamente proporcional a las dimensiones del atracón. Porque hace, hoy, exactamente 4 años que dejé de intentar resistirme, y ahora me la como en tu honor. En honor de lo mucho que te recuerdo cuando veo la mantequilla, y de que, en el fondo, me alegro de que te fueras en ese momento, porque quizá si hubieras tardado unos años más, habríamos tenido ocasión de chocar mucho, en ciertos aspectos inocuos y en otros no tan inocentes; o quizá habría terminado teniendo que darme por enterada de cosas que nunca quise saber...
Hoy es viernes por la noche. Y, además, hace exactamente 4 años que me propuse no resistirme ni una vez más a la mantequilla. Así que me voy a la cocina a buscarla antes de que ella me encuentre a mí. Y pienso darme un atracón, que es mi manera de decirte que los viernes por la noche te echo mucho de menos, abuelo.
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