La vida son pequeñas cosas, eso ya lo sabíamos. Pequeños detalles. Por ejemplo, la salsa envasada de una ensalada envasada que te dan en un avión (envasado). Una salsa que te teletransporta, como por arte de magia, a aquella ciudad (y aquel comedor con palmeras). Un sitio que echas tanto de menos que cuando, en momentos como éste, algo te lleva allí, el dolor te desgarra por dentro. Y te encanta el dolor, te encanta su raíz. Y de repente te encanta la vida (o quizá sea el efecto combinado de jaqueca, antihistamínicos, fiebre y vino).
***** “Que se fundan balas para hacer campanas de libertad”
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