jueves, 20 de noviembre de 2008

Camarão que dorme... a onda leva

El que avisa no es traidor: éste es un post de bandazos emocionales-hormonales del quince, propio de mi situación, mi país de acogida y mi síndrome pre-menstrual arrastrado desde hace diez días y que sigue siendo sólo pre. Así que ya lo sabéis.


Sí, definitivamente creo que lo que más me gusta de Skype es que deja guardadas las conversaciones por los siglos de los siglos. Y hay conversaciones de ésas que te dan vidilla por el tira y afloja, que te hacen sonreír, que tienen mucho más jugo del que parece, de ésas que gusta releer y volver a disfrutar... "Sí que sabes apretar cuando quieres, sí. Y además inteligentemente"... Pues claro chaval, ¿o qué te creías? Que tú no sabes con quién te estás jugando los cuartos. Que tengo mucho más peligro del que calculas... Y es que en el fondo me encantan los retos...





Por otra parte, hace poco recibí un mensaje electrónico de una de esas personas de las que van y vienen, pero siempre están ahí. De ésas que, en el fondo, sabes que son de verdad, que te quieren tal cual y que puedes contar con ellas. Una de esas personas chiquitas con las que hay que tomar precauciones, pa' más señas. Y ese mensaje fue de los que me hizo sonreír: bonito, sin segundas, sólo para saber qué tal. Y ese mensaje confiaba en que yo siguiera en mi línea, que definía como "protestando de las injusticias, sacándole punta a todo, flipándolo y disfrutando de las pequeñas cosas". Y me recordaba lo bonito que eso es, lo importante que era mantenerlo y seguir siendo así...



... Y me hizo sonreír, con lo de las injusticias y la punta... Y me dio que pensar, porque llevo ya demasiados días con una limitada capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas...



Y ya lo dice el refrán, y el Skype se lo recuerda a sí mismo. Y yo soy muy consciente de ello, cada día más. Sé que como me duerma me lleva la corriente. Y, aunque comience a ver la luz al final del túnel, e intente hacer como si nada, y me lo tome todo a risa, soy muy consciente de que aún me quedan muchas recaídas y muchos días de eterna oscuridad. Soy muy consciente de que, además, las fechas venideras son incluso, si cabe, más traidoras que tú. Que será más difícil cuando esté allí, porque si suena el teléfono y oigo tu voz, no matter how smiley I try to seem, me haré caquita encima. Porque será caquita si llamas, pero si no llamas será aún peor... No quiero ni imaginármelo.

Pero hoy no quiero hablar de eso. No quiero pensarlo ya, ni mucho menos sentirlo. No quiero y ni siquiera estaba haciéndolo, pero es que anoche el mp3 me jugó una mala pasada. A mí Sabina deberían prohibírmelo en algunas épocas de mi vida. Porque entonces empezarás a dolerme de nuevo. Porque llevo un par de semanas asombrosamente mucho mejor, pero eso no significa que a mí se me olviden las cosas... Que se me olvide que a nosotros no nos sobraban los motivos. Porque por las arrugas de mi voz se filtra la desolación de saber que, probablemente, éstos no son los últimos versos que te escribo; que ni siquiera tengo un adiós en el que esconder un hasta luego; que, no nos engañemos, cualquier nunca escondería un ojalá. Porque a mí sí me sobran los motivos: me sobra el no poder jugar con fuego porque ni siquiera tengo cenizas para ello; la sala de espera sin esperanza, la empresa de mudanzas, la campana muda; me sobran las ganas de nada menos de ti, el huracán sin ojo que lo gobierne, el jueves, el viernes y el miércoles que vendrá; me sobra esta cura de humildad, este trono de princesa destronada, el poco rato que duró la vida eterna por el túnel de tus piernas; y me sobran los pañuelos de estación, y los dedos que te desnudan.


Me sobra todo eso, y me falta un helado de fresa de la venganza. Puestos a faltarme, me falta hasta un nunca que esconda un ojalá. Menos mal que, al menos, no me sobra también una caracola viuda sin la pianola del mar. Porque al menos en una cosa estuve lista, y fue en recordar que el mar no está en el escaparate de los regalos, y que ése me lo quedo para mí.


Por eso, porque te lo llevaste todo menos el mar... Por eso hoy me quedo sólo con el refrán... Camarão que dorme, a onda leva. Porque yo también tengo que aplicármelo, y en ello estoy pero la distancia entre el camino y el desierto es muy estrecha. Así que habrá que seguir luchando contra la corriente. Y pienso reírme mucho con el juego que da el Skype. Y pienso ponerme desde ya a esforzarme en volver a disfrutar las pequeñas cosas. Dicho queda.

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