Cuando yo era pequeña tenía un lenguaje secreto.
(Paréntesis. Esto demuestra que algunas no nos hacemos raras, sino que nacemos, aunque cada vez aprendamos más a disimularlo; y que la afición por los idiomas ya era muy temprana; y que la afición Willyfoggera no viene sólo de aquel famoso libro sino, como descubrimos el otro día Enanita y yo, de aquel estupendo aeropuerto pseudo-Playmobil que había en casa de mi tío y a mí me encantaba montar y desmontar cada vez que iba. Fin del paréntesis)
A lo que íbamos... Cuando era pequeña tenía un lenguaje secreto (no era, ni mucho menos, la única de mis rarezas. Pero en fin). No era uno de esos métodos que cambian sílabas o añaden prefijos. Era un código con cierto nivel de abstracción cuasi-matemática, que transformaba las palabras del castellano como por arte de magia. Vamos, lo que viene siendo que era rara pero de cohone.
Lo cierto es que yo era un poco (tirando a bastante) autista. Sí, sí, gondolero-joputa-que-me-tienes-los-dientes-por-el-suelo, no me pongas esa cara de póker delante de una tapa porque tú no te acuerdas pero yo sí. De más chica era bastante autista. Luego sólo un poco, y lo disimulaba bastante bien. Pero tenía un mundo interior mucho más amplio, elaborado y satisfactorio que el universo real (autismo y mundo interior que se retroalimentaban uno a otro, a la vez causa y consecuencia: el caparazón proviene de aquellos tiempos inmemoriales que mis neuronas prefieren, sin éxito, borrar por su salud mental y la de mis lagrimales).
No sé si lo del lenguaje tendría algo que ver con este autismo: no se trata de que dejara de hablar con los demás para redactar una gramática propia. Pero me dedicaba a traducir todo lo que me rodeaba (otra manía que tengo desde que recuerdo): los carteles, los libros, los monólogos de los profesores, los diálogos. Llegué a tener tanta práctica que hacía traducción simultánea mientras veía la tele o mantenía una conversación con otra persona, y por las noches, antes de dormir, inventaba en ese idioma historias que recreaba en mi imaginación.
Puede que fuera por lo del mundo interior. O puede que fuera simplemente porque me aburría infinitamente mientras los profesores contaban ochocientas veces las mismas anécdotas idiotas o mandaban cuarenta ejercicios iguales para aprender análisis sintáctico básico. Entonces yo, que nunca me he podido estar quieta, me dedicaba a esas frikadas como traducir, o darle la vuelta a los libros y los folios y leer y escribir bocaabajo, para entretenerme.
[Ya he dicho desde el principio que siempre fui (¿pretérito?) una niña muy rara. ]
La cuestión es que (casi) nunca he hablado con (casi) nadie de que tenía un lenguaje secreto que sigue siendo tal. Y no sé porqué de repente me acordé...
Quizá por aquello de que "con los pies fríos no se piensa bien". ...Y puede que vaya siendo hora de tapárselos...
... Ohapo vod lé y nu rpugemlod di lu umduñopú ni tumgeoju ducpula...
(pd: no consigo que me guste cómo está escrito esto, pero es que estoy de exámenes y a mi pobre neurona no le queda fuelle).
***** "Te quedan balas para disparar pero preguntas primero".
2 comentarios:
Yo pa los proximos reyes quiero un diccionario de ese secreto lenguaje!!!
Ya queda menos guapita!!
Ya sabes que pienso que raro es una de las cosas más bonitas que se le pueden decir a una persona.
Hace mucho que no sé de ti. Te echo de menos.
Publicar un comentario